miércoles, 26 de mayo de 2021

ME TIENEN MANÍA, TODOS

Esta Semana nos convoca MYRIAM con un tema fascinante: la INMERSION. Se 

refiere a la inmersión en un cuadro, pero, como yo no sé nadar, me voy a quedar en la orilla, 

por si acaso. Podeis leer el resto de aportes AQUI 

 


 

            Soy fea. Podría ser guapa, pero no. Soy fea. No es que no tenga un porte tan bueno como la que más. Es, más bien, por mi vestimenta. No voy a echar la culpa a los demás, también yo tengo algo que ver… Bueno, no. Sí que voy a echar la culpa a los demás; sobre todo al pintor. Él es el mayor culpable. Mira qué color me ha puesto. Vale que soy una barca, y que lo que importa es que flote, y que no haga aguas, y que cargue el mayor peso posible sin hundirme, y sea rápida, pero una también tiene su corazoncito, y soy un poco presumida. Marrón mier… diarrea, diría para ser exactos. ¡Puaj! Aún sin concretar la tonalidad del color, ya de por sí… marrón. ¿A quién le gusta el marrón? Ahora saldrá algunx, por ahí diciendo: “Pues a mí, sí que me gusta el marrón”. Una mier… ¿Veis como estoy obsesionada? A alguien, puede ser que le guste un poquito el marrón, pero ¿quién se atreve a decir que es su color favorito? Nadie. Nadie dice que es su color favorito.

          Mirad mis compañeras. Azul eléctrico. De un eléctrico que si le ponen un motor, no hace falta ni echarle gasolina. Precioso. A juego con el rio y el cielo y hasta alguna casa. ¿Y la otra? Verde esperanza. Un color ilusionante. A juego con la primavera y el verano; se mimetiza con la hierba. Cuando la ponen en la otra orilla, puedes pasar al lado suyo sin darte cuenta de que está ahí. ¡Qué paz y tranquilidad transmite! ¡Vamos hombre, no me digáis que no tengo razón ¿Es culpa del pintor o no? Vale que hago juego con alguna casa vieja y algún árbol decrépito, a punto de irse a la mier… Lo que yo te diga; estoy obsesionada. Para pintarme marrón, que me hubiera dejado sin pintar; de madera, y ya está.

          Y para colmo de males, viene el otro, planta el caballete, echa un vistazo al paisaje y refunfuña. Me refiero al otro pintor, el de brocha fina, el famoso, el tal Arthur, y como no le gusta lo que ve, no se le ocurre otra cosa que empujarme hasta quedar oculta detrás de la casa, o pajar, o lo que sea esto. Aun, menos mal que no calculó demasiado bien, y se me ve un poquito de la proa. ¡Capuullo!

 

jueves, 20 de mayo de 2021

UNA RELACION ESPETRA-CULAR

 Esta semana nos convoca DOROTEA para un reto singular. Entrar dentro de la conciencia de un sre de la naturaleza no humano, Mas abajo os dejo mi aportacion y podeis keer las aportaciones del redto de participantes AQUI

 

Foto de ERIK, Podeis ver mas fotos suyas impresionantes todas y de temas naturales en su blog .

 

                ―Quiero las piedras de la canteira de Richinol. Ya la he usado otras veces y la piedra es muy parecida a esta. Y quiero piedra irregular. No sillares prismáticos. Y del mismo tamaño aproximadamente de la que ya hay. Primero lavar todo con chorro de arena, para quitar la suciedad, el polvo y el musgo, y luego os ponéis. Cuando tengas un par o tres de hileras, me llamas para ver cómo va. A ver si tenemos ya los planos…

               «¿Me van a lavar con chorro de arena? Me van a quitar todo el musgo... Con lo que le costó al pobre acomodarse sobre mí… A mí no me viene de un par de cientos de años. Hace ya cuatrocientos que me arrancaron de la montaña; pero al musgo le va a costar… pero, ahora que pienso, si me van a continuar el muro, me van a poner otra piedra encima. Ya veremos si el musgo se quiere poner por el lad… Mieerda . Yo soy una piedra que da al interior del convento. No voy a tener más musgo y voy a perder la conexión micelar con el reino vegetal. Os-trás… con lo que yo disfrutaba con el cambio de reino, del mineral al vegetal. Bueno al menos me van a traer compañía por arriba… A la piedra de debajo de mí, ya ni le hablo. Ya nos lo hemos explicado todo. Aquí trescientos y pico de años con ella. Además es una rancia y una envidiosa; como no tiene musgo… »

               Y llegaron las fatídicas obras de reconstrucción de convento. Primero lavaron a nuestra piedra, vaciándole los poros de musgo y demás. En seguida notó la agradable sensación de sentirse limpia y seca, pero cuando llego el frio de la noche, la sensación ya no fue tan agradable. Y al día siguiente: examen. Le traerían y colocarían encima a sus nuevas vecinas. La que más le preocupaba era la que le pondrían justo encima. A las de alrededor ya las conocía, o le quedarían más lejos. Tenía presente que las traían de Galicia. Recordó como hace menos de doscientos años, una tal Rosalía hizo una cura de reposo en la habitación de la que nuestra piedra , constituía parte de la pared. Recitaba en voz alta las poesías que escribía , para ver como sonaban. De aquello hace mucho tiempo , pero aun retenía algo del idioma que escuchó:

               ―Hola; por fin chegades. Cómo chamasche? ―se aventuró a preguntar a la recién llegada, una vez fue colocada y acomodada sobre ella. «Vaya, mira, se fala galego. Unha persoa cultivada», pensó la nueva.

               ―Chamome Petranova.

               ―Es rusa? ―contestó nuestra piedra antes de pensar. «Xa pareciame. É parva do cú. Levo anos de compañeira cunha tonta do cú», pensó la recién llegada, un poco desilusionada, y contestó:

               ―No, son galega.

               ―Ah, claro. Non me membrana. Eu chamome Petravella. Somos tocayas.

               Tras estos inicios un poco titubeantes, se constituyeron como pareja de hecho ciento veinte años después.

domingo, 16 de mayo de 2021

AMOR EN TIEMPOS DE MUERTE

 Aquí un microrelato para lo de los relatos encadenados de

 la cadena SER, de esta semana. Menos de 100 palabras, con la primera frase impuesta 

 

                El ruido del tiroteo consiguió animarles de nuevo. Se incorporaron cogidos de la mano, con la dificultad que ello conlleva. Andados unos metros, se pararon con la misma parsimonia con que habían caminado, y se besaron como si no hubiera un mañana.
                Pero la descomposición ya había comenzado. El propio apasionamiento del beso oprimía sus vientres. Al separarse las tripas se les cayeron al suelo, y tras la consecuente sorpresa, menguada sin duda, por el escaso estado de consciencia, continuaron andando, ya más livianos, con esa languidez con que caminan los zombis en la películas.

miércoles, 12 de mayo de 2021

EL TEMERARIO

Siguendo la propuesta de Mónica para este jueves en su blog NEOGÉMINIS, me he inclinado por la 

interpretacion covidera del síndrome. O sea que el protagonista, se ha acostumbrado al 

encierro. Esta es mi aportacion  despues de unos dias ausente. Podeis leer más tesis sobre el síndrome

AQUIMISMO (cuidado, que la música da miedo)


 

            Edmundo ya se había acostumbrado a su enclaustramiento. No salía hacia más de nueve meses. Al principio de la pandemia aún se permitía alguna escapada, pero cuando vio la altura, velocidad y voracidad de la segunda ola, decidió no salir más hasta que la cosa no estuviera más calmada. Afortunadamente su trabajo podía desarrollarse desde casa telemáticamente. Acordó con su hijo Eduardo que cada día le traería la comida. Había conseguido un status cómodo. Lo único que le sacaba de quicio eran las noticias que devoraba con fruición mañana, tarde y noche. No se perdía ningún debate televisivo, cuanto más catastrofista mejor; le hacían regodearse en la seguridad de su refugio. Se hacía cruces de ver cómo había gente que osaba salir a la calle sin mascarilla; veía aquellos planos profundos, que salían por la tele, de gentes apiñadas en las playas. No tenía la menor intención de salir. Estaba muy a gustito en su enclaustramiento.

          Lamentablemente llegaron las vacunas, y poco a poco, los noticiarios empezaron a ser más optimistas. Comenzó a pensar que todo aquello de que ya no iba a haber cuarta ola, era un cuento, para revitalizar la economía a cualquier coste; pero que con Edmundo no contaran. Dramáticamente, llegó la noticia que tanto temía: le comunicaron que el teletrabajo llegaba a su fin. Decidió que tenía que salir un par de días antes de reincorporarse, para que no le pillara de sopetón, el acontecimiento. La noche anterior a su primera salida no pudo pegar ojo. Se levantó tres veces para ir al lavabo, que estaba en la propia habitación. Los nervios le devoraban. Finalmente llegó el día. Se aseó, se vistió y se dirigió a la puerta, armado de temeridad. La abrió, asomó la cabeza y exclamó en voz alta:

          ―¡Edelmira! ¡Edith! ―Ni su mujer ni su hija contestaron. Eduardo ya hacía rato que se había ido a la Universidad― ¿Hay alguien en la cocina? ―preguntó antes de aventurarse.

          ¿Quién sabe las adversidades que le esperan fuera de la habitación?

 

 

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