jueves, 25 de abril de 2024

MÉNAGE À TROIS

 Esta jueves nos convoca MAG con un reto consistente en hacer un relato de nada menos que 150 palabras. IMPOSIBLE para mi. Como ejercicio SÍ. Son los dos primeros parrafos. 129 palabras.

El tema Binomios Fantásticos. O sea una minihistoria que incluya dos cosas que nada tienen que ver entre sí, a elegir entre las propuestas. yo he escogido el viento y el espejo

Para que tuviera pinta de relato he tenido que añadir dos párrafos más, o sea doscientas y pocas.

Cuanta excusa tiene que inventar uno.

Podéis encontrar el resto de BINOMIOS FANTASTICOS AQUI

          Taba dormía cuando se despertó sobresaltada. El principal culpable, la calor; originaba un charco de sudor que producía un chof-chof a cada giro; faltaban dos para batir el récord autonómico de vueltas en la cama. El desencadenante, el concierto de serrucho de viento. Se levantó y buscó su origen. Salía del espejo del tocador. Su reflejo menguaba y aumentaba siguiendo la melodía. Apoyó la mano y la música cesó. Ya no se bamboleaba como la vela de un barco. Pero al quitar la mano, volvía.

          Clavó el abrecartas en el centro del espejo y volvió a cesar. La punta no chocó con la pared, la guarda chocó con el espejo. Se asomó al otro lado del tabique, pero por allí no asomaba nada. El viento de ultraespejo salía por el agujero.

No las tenía todas y se llevó el abrecartas a la cama. Se acostó de costado. El viento primero le refrescaba los pies. Luego giró la cadera hasta ponerla bocabajo y poder separar bien las piernas. Llevaba el atuendo preciso para aquella temperatura. El fresquito ascendía por su ofrecida anatomía, cosquilloso, obsesivo, penetrante.

          El abrecartas se celó. “Yo soy metálico y también estoy fresquito”, pensaba. Taba lo percibió y lo cogió por la hoja. Los acontecimientos se precipitaban.



sábado, 13 de abril de 2024

LA CASA DE LOS ESPEJITOS

     Este mes la convocatoria del concurso EL TINTERO DE ORO corre a cargo de MERCHE. El libro referente es LA CASA DE LOS ESPIRITUS. Y el relato ha de contener fantasma o espiritus o cualquier variante. Casi no participo porque hasta esta noche no se me ha ocurrido nada, a pesar de ver "cuarto milenio" todos los domingos desde la convocatoria. Bueno, siempre lo veo.

En fin , que ha salido esto.

 

AQUI están el resto de relatos.

 

 

          El hombre abrió presuroso la puerta de su finca y subió a toda velocidad los cuatro pisos, saltando escalones de dos en dos y a veces de tres en tres, sin haber perdido un ápice de velocidad cuando llegó al cuarto. Abrió precipitadamente la puerta de su piso, cerró de un portazo y se abalanzó sobre a ventana que daba a su calle. Nadie le perseguía. Resopló y se dejó caer rendido sobre el sofá. Solo se permitió un par de minutos de paz. Antes de dirigirse al lavabo volvió a asomarse a la ventana; de momento estaba a salvo pero decidió no confiarse.

          Frente al espejo sacó el cortapelos y le quitó el peine para afeitarse la barba al cero. Cuando subía por la patilla se detuvo un momento y luego siguió para que su melena siguiera el mismo destino que su barba. Luego giró la cabeza para cambiar de lado vio a un viejo detrás de él. Antes de que el corazón se le saliera por la boca se volvió bruscamente y se dio cuenta de que estaba solo. Volvió a ponerse frente al espejo sin tenerlas todas consigo. Siguió afeitándose y antes de percibir nada raro volvió a girarse repentinamente. Nada. Siguió afeitándose ya más tranquilo. Luego se inclinó a un lado para coger la toalla y volvió a ver al viejo. Llevaba un cartel, que no pudo leer antes de que el viejo volviera a ocultarse tras su reflejo. Se quedó quieto delante del espejo durante un minuto. Después, sin girarse, lanzó un codazo a su espalda y no llegó a lanzar un puñetazo porque se dio cuenta de la inutilidad del gesto.

          Pensó una estrategia. Se apartó rápidamente a un lado dejando al anciano al descubierto. Los años le pesaban y no era muy rápido. “Soy el fantasma del futuro”, pudo leer antes de que volviera a ocultarse tras su reflejo. Pensó en el cuento de Dickens sin notar ningún paralelismo en su vida; quizás la falta de empatía, pero eso no era delito. Se giró lentamente sin esperanza alguna de encontrar a nadie. Ya no estaba asustado; aquello ahora le parecía un juego y estaba descubriendo las reglas.

          Volvió a apartase y esta vez se centró en su cara; le pareció que el viejo ya no era tan viejo. Tambien vio de reojo que el texto había cambiado por otro más corto, aunque no tuvo tiempo de leerlo. Pero eso no era preocupante, el viejo era más joven pero parecía que su velocidad no le acompañaba. Cada vez era más lento; y podía repetir aquella operación tantas veces como quisiera. Al cuarto movimiento lateral vio que aparte de más joven se parecía mucho a él; cada vez más. Al siguiente movimiento leyó: “no te suicides”.

          ―¡Qué coño voy a suicidarme! ―le gritó al viejo que ya apenas se esforzaba por ocultarse tras su reflejo. Entonces se oyó:

          ―¡Policía! Abra la puerta o la echamos abajo.

          Salió al salón y se precipito a la ventana. Abajo estaba lleno de coches de policía. Habían llegado sin las sirenas. «Si solo hubiese violado a la cría aquella, igual no se hubieran dado tanta prisa», pensó. «Es curioso cómo se va todo a la mierda en un momento dado por un error de cálculo».

          Se situó lentamente frente al espejo del mueble viejo del salón. Esta vez el viejo, que ya solo era dos minutos mayor que él, salió él solito de detrás del reflejo del hombre; llevaba un cartel en el que, con ojos llorosos, ponía: “Por favor”.

          ―¡Abra la puerta!

          El hombre sacó un revólver que llevaba metido en la cintura del pantalón, sin la menor intención de hacer caso al viejo.

         

jueves, 4 de abril de 2024

YO NO ME LLAMO RAMÓN

Esta semana nos convoca Mónica desde su blog NEOGEMINIS con un tema que seguro nos aportará relatos de lo mas dispares y divertidos. Situaciones incomodas de la cotidianeidad. 


AQUI están el resto de aportes.


 

          ―Hombre… ¡Cuánto tiempo…!

          Y este ¿quién coño es?

          ―Sí. Es verdad. Cuanto tiempo sin vernos…

          ―¿Cuánto hará?

          ―Pues no sé. Más de cinco años, ¿no?

          ―Ma che cosa dice?

          Joder, es italiano. No conozco a ningún italiano. Una italiana y ya.

          ―¿Más? ¿Quieres decir?

          ―Ya te digo. Por lo menos veinticinco

          ¿Veinticinco? ¿Cómo coño voy acordarme? Bueno, un cliente no es; ni de este ni del anterior trabajo. Veinticinco años… 2001. Debíamos estar en el cole… Ah, no… En el cole no. Joder, ¡Que mal estoy!

          ―Ah, claro. Tienes razón. Joder, ¡Qué mal estoy! Es que así, por sorpresa y sin calculadora.

          Igual le gustan las películas de la mafia y ya. Tiene un acento andaluz que no sé. 2001… De la Universidad o del instituto. Joder. Debe de ser de la Universidad. No me acuerdo de nadie de la Universidad.

          ―O treinta.

          Joder, ¿ahora treinta? Pues del barrio o del cole. No, del cole no. Y del barrio, no sé. Me acordaría. Igual era de otra calle.

          ―Y ¿qué haces por aquí?

          ―Yo vivo aquí detrás. Siempre vengo a comprar aquí. ―¡Hostias! Pues voy a tener que cambiar de supermercado si no averiguo quien es―. ¿Ves a alguien?

          ―No mucho. Muy de tanto en tanto, y nunca todos. Cómo la mayoría se ha ido lejos...

          ―Claro. Siempre pasa igual

          ―Pero tenemos un grupo de WhatsApp. Dame tu número y ya le digo al Miki que te apunte, que es el administrador. ―A ver si me dice el nombre y me viene algo   

          ―¿Qué Miki? No me suena ningún Miki.

          Ya te digo. Me lo acabo de inventar...

          ―Es verdad. Que él se unió al grupo después de que tú te fueras. Da igual; ya lo conocerás; es muy enrollado. Dime…

          ―Apunta. Ray. 666440045.

          ¿Ray? ¿Qué coño es Ray? ¿Raimundo? Amos, hombre. No me jodas. Raimundo me acordaría. ¡Vaya si me acordaría! No puede ser del barrio. Nos habríamos reído de él hasta la muerte.

          ―Vale, pues ya cuando quedemos, te apuntas por el grupo ¿vale?

          ―Ya te digo. No faltaré. Pues eso… Hasta pronto, Ramón

          Eh… ¿qué coño Ramón? Que yo no me llamo Ramón.

          ―Eh… ¿qué…

          ―¿Qué?

          ―No, nada. Que ya nos vemos pronto.

 

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