jueves, 26 de marzo de 2026

AVENTURA INCIERTA

 

 Esta semana nos convoca NEOGEMINIS a relatar basándonos en una imagen y dos palabras que ya vienen incorporadas en la foto.


Yo he escogido esta:

Podéis encontrar el resto de textos AQUI

Pichuela y Paza estaban en su sitio; su lugar; el que les correspondía. Pero al menos una tenía culo de mal asiento. No es que estuviera desequilibrada. Bueno, sí. O sea no. Quiero decir que no estaba desequilibrada en el sentido de que su contenido se vertía por un lado cuando la rellenabas hasta el borde. Pero sí que estaba desequilibrada en el sentido…

―Paza, ¿has visto la mesa de al lado? Están celebrando un cumpleaños. Tienen ya puesto el pastel y van a brindar en pocos minutos. ¿Tú has probado alguna vez el champán?

―No.

―¿Que te parece si saltamos?

―Estas desequilibrada. ¿Cómo vamos a saltar a otra mesa?

―Tienes miedo, cagona. Saca tus patas. A ver qué pie calzas.

―Que no saco nada. Me da vergüenza que me vean los pies.

Tres minutos después…

―Bueno, la verdad es que los tienes más canijos que los míos y un poco atrofiados, pero yo te cojo de la mano y veras qué aterrizaje.

Ambas sacaron las manitas, y se cogieron. Pichuela echó a correr y Paza la siguió cómo pudo. Saltaron y el vuelo acabó en distintos destinos. Las manitas eran débiles. Pichuela acabó en la mesa de al lado pero Paza acabó hecha añicos en el suelo.

―¡No me jodas! ―comentó la sobreviviente asomándose al borde de la mesa―. Con razón se daba esos aires…

Pichuela se coló entre las otras copas justo antes de que un humano comenzara a llenarlas desde lo alto.

―¡Un brindis por la cumpleañera!

Chin, chin, chin, chaf…

―¡Hostias! Esta es de plástico. Pues da el pego, ¿eh? Es supertransparente para ser de plástico.

―Déjala en la otra mesa y coge una de las buenas.

Pichuela, de vuelta en su mesa original, se volvió a asomar al precipicio con tristeza.



sábado, 14 de marzo de 2026

TELEMARKETING

 Este mes Rebeca, desde su blog LaLocaQueCazabaNubes nos invita a escribir sobre un tema nada de moda. Bueno , un poco de moda ahora que se acerca la Semana Santa. O sea, ya supondréis que se trata de la Religión y sus adyacentes. Pero sus adyacentes (las palabras), no pueden salir en el texto. En concreto: Fe, Religión y Creyente. 

Podéis encontrar el resto de participaciones AQUI

 

―Ave María Purísima.

―Sin pecado concebida.

―Padre, confieso que he pecado.

―¿Cuánto hace desde tu última confesión? ―El pecador sacó su móvil y empezó a pasar páginas hacia atrás―. Debes tener mucho que confesar. ―Pero el pecador no se dio por aludido y continuó; hasta que las páginas se acabaron.

―Es que hace seis años me tuve que cambiar de móvil, así que no sabría decirle.

―Bueno, da igual. Empieza. ―Y se arrellanó en el asiento del confesionario dispuesto a pasar un largo rato de escucha.

―Ayer maté a un hombre ―El arrellanamiento duró poco. El cura dio un brinco. Era su primera vez. No tenía idea de si podía perdonar ese tipo de pecados.

―¡¿Cómo?!

―De un portazo.

―¡Me refiero a que cómo ocurrió!

―De un portazo. ―El pecador se mostraba sorprendentemente tranquilo, mientras que el cura, paradójicamente, no.

―Me refiero a que cómo pudo llegar a pasar eso.

―Es que hace meses que los protestantes venían llamándome cada día, hasta que finalmente les bloqueé. Pero entonces ellos, ni cortos ni perezosos, se presentaron en casa, pero yo…

―Pero ¿de qué protestantes me estás hablando?

―Pues de los protestantes. Nosotros somos los católicos y ellos los protestantes ¿no?

―Ya, sí, continúa… ―concedió el cura ciertamente perplejo.

―Yo le dije que era fiel al catolicismo… ―«Así que hacen telemarketing… e incluso puerta fría… Seguro que por eso perdemos tantos fieles…», pensaba mientras el párroco― …y entonces pretendió entrar pero yo le di un portazo en toda la cara. Y entonces cayó muerto.

―¿Muerto? ¿De un portazo? ¿Seguro que estaba muerto?

―Bueno, me asomé a la calle para ver si alguien había visto algo, y como no, le cogí del pie y lo metí pa dentro. Le eché un vaso de agua por la cara, y empezó a decir cosas sin sentido, y ¿qué quiere que le diga? Para que se quede lelo o en coma, y su familia, me demande y todo eso, mejor lo remato, pensé. Yo creo que aún le hice un favor, pero por si acaso…

―Pero ¿cómo que mejor lo remato?

―Bueno eso da igual. Lo que está hecho, está hecho. ¿Qué penitencia me pone? ―Esto descolocó completamente al cura, que tras pensarlo un poco sentenció, no demasiado convencido de si obraba bien:

―Debes vender todas tus posesiones y entregar la mitad a la familia del finado y la mitad a Cáritas o alguna otra organización de ayuda humanitaria. Y debes retirarte a vivir como un anacoreta en una cueva, sin contacto con la civilización, durante diez años.

―¿Diez años?

―Es un pecado mortal ―se justificó.

―¡Uno!

―Uno ¿qué?

―Un año.

―Que esto es una penitencia. No es negociable. ―El pecador se lo pensó un poco antes de sentenciar:

―Pues me parece que al final me voy a pasar a los protestantes, a ver si son menos exigentes ―concluyó mientras se genuerectaba, se daba la vuelta y comenzaba a desfilar.

―No olvides decirles que la víctima era protestante ―le recordó el cura cuando ya casi no le oía. «Ahora tendré que confesarme yo también. Seguro que hemos perdido un fiel por mi culpa», pensó.

 


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