Este mes Rebeca, desde su blog LaLocaQueCazabaNubes nos invita a escribir sobre un tema nada de moda. Bueno , un poco de moda ahora que se acerca la Semana Santa. O sea, ya supondréis que se trata de la Religión y sus adyacentes. Pero sus adyacentes (las palabras), no pueden salir en el texto. En concreto: Fe, Religión y Creyente.
Podéis encontrar el resto de participaciones AQUI
―Ave María Purísima.
―Sin pecado concebida.
―Padre, confieso que he
pecado.
―¿Cuánto hace desde tu última
confesión? ―El pecador sacó su móvil y empezó a pasar páginas hacia atrás―.
Debes tener mucho que confesar. ―Pero el pecador no se dio por aludido y
continuó; hasta que las páginas se acabaron.
―Es que hace seis años me
tuve que cambiar de móvil, así que no sabría decirle.
―Bueno, da igual. Empieza.
―Y se arrellanó en el asiento del confesionario dispuesto a pasar un largo rato
de escucha.
―Ayer maté a un hombre ―El
arrellanamiento duró poco. El cura dio un brinco. Era su primera vez. No tenía
idea de si podía perdonar ese tipo de pecados.
―¡¿Cómo?!
―De un portazo.
―¡Me refiero a que cómo
ocurrió!
―De un portazo. ―El pecador
se mostraba sorprendentemente tranquilo, mientras que el cura, paradójicamente,
no.
―Me refiero a que cómo pudo
llegar a pasar eso.
―Es que hace meses que los
protestantes venían llamándome cada día, hasta que finalmente les bloqueé. Pero
entonces ellos, ni cortos ni perezosos, se presentaron en casa, pero yo…
―Pero ¿de qué protestantes
me estás hablando?
―Pues de los protestantes.
Nosotros somos los católicos y ellos los protestantes ¿no?
―Ya, sí, continúa… ―concedió
el cura ciertamente perplejo.
―Yo le dije que era fiel al
catolicismo… ―«Así que hacen telemarketing… e incluso puerta fría… Seguro que
por eso perdemos tantos fieles…», pensaba mientras el párroco― …y entonces
pretendió entrar pero yo le di un portazo en toda la cara. Y entonces cayó
muerto.
―¿Muerto? ¿De un portazo?
¿Seguro que estaba muerto?
―Bueno, me asomé a la calle
para ver si alguien había visto algo, y como no, le cogí del pie y lo metí pa
dentro. Le eché un vaso de agua por la cara, y empezó a decir cosas sin
sentido, y ¿qué quiere que le diga? Para que se quede lelo o en coma, y su
familia, me demande y todo eso, mejor lo remato, pensé. Yo creo que aún le hice
un favor, pero por si acaso…
―Pero ¿cómo que mejor lo remato?
―Bueno eso da igual. Lo que
está hecho, está hecho. ¿Qué penitencia me pone? ―Esto descolocó completamente
al cura, que tras pensarlo un poco sentenció, no demasiado convencido de si
obraba bien:
―Debes vender todas tus
posesiones y entregar la mitad a la familia del finado y la mitad a Cáritas o
alguna otra organización de ayuda humanitaria. Y debes retirarte a vivir como
un anacoreta en una cueva, sin contacto con la civilización, durante diez años.
―¿Diez años?
―Es un pecado mortal ―se justificó.
―¡Uno!
―Uno ¿qué?
―Un año.
―Que esto es una penitencia.
No es negociable. ―El pecador se lo pensó un poco antes de sentenciar:
―Pues me parece que al final
me voy a pasar a los protestantes, a ver si son menos exigentes ―concluyó mientras
se genuerectaba, se daba la vuelta y comenzaba a desfilar.
―No olvides decirles que la
víctima era protestante ―le recordó el cura cuando ya casi no le oía. «Ahora
tendré que confesarme yo también. Seguro que hemos perdido un fiel por mi culpa»,
pensó.
Y aquí el banner de LECTOR CERO
Qué bueno, amigo. Me has hecho reir imaginándome la cara del cura al oir esa confesión de algo tan grave pero que el pecador la cuenta con total normalidad. Y el final, es también risible: el cura confesándose por haber propiciado la fuga del pecador hacia el bando enemigo, je, je.
ResponderEliminarUn abrazo.