domingo, 17 de octubre de 2021

CRIMENYCASTIGO

 

 

 ESTE ES UN MICRO PARA EL RETO DE OCTUBRE QUE LÍDIA CASTRO NAVAS  PROPONE EN EL APARTADO  ESCRIBUR JUGANDO DE SU BLOG.

ESTE MES SE TRATA DE ARMAR UN RELATO DE MAXIMO 100 PALABRAS CON LOS ELEMENTOS DE LAS FOTOS, A SABER, ESCARABAJO, FRASCO DE PERFUME Y HUELLA DIGIGITAL.

EL TITULO ES ASI, TODOSEGUIDO, PARA NO PLAGIAR. NO TIENE NADA QUE VER CON QUE ME PASARA DEL LIMITE DE PALABRAS

 

 

          Cleo se perfumó  y dejó el frasco abierto, antes de meterse en su baño de leche de burra. Quería que Marco la encontrara allí,

♫“embádurnada de leche,

con las manos en la masa”♫.

          A la mañana siguiente se descubrió el crimen. La policía concluyó que el escarabajo confundió el tapón esférico del frasco de perfume con una de sus pelotas, y lo echó a rodar. Deslumbrado por los reflejos de la novedosa pelota, cayó de la mesa haciendo añicos el tapón. Un despiadado testigo castigó al escarabajo aplastándolo con el pulgar. La policía extraerá la huella digital del caparazón… puajj!

miércoles, 13 de octubre de 2021

QUIERO CREER QUE FUE REAL, AUNQUE SABERLO NO CAMBIE NADA

 

ESTA SEMANA NOS CONVOCA NEOGEMINIS CON UN RETO MEGADIFICIL. UN TEXTO QUE INCLUYA DOS DE LAS FRASES DEL COLLAGE QUE NOS ADJUNTA. 

YO SOLO HE SIDO CAPAZ DE INCLUIR UNA, PERO EN COMPENSACION ES EL TITULO, Y ADEMAS HE AÑADIDO UNA "PERIFRASISDEIMAGENINCLUIDAENELCOLLAGE", Y HE PUESTO UNA FRASE REPETIDA DOS VECES (esto, en realidad, es para satisfacer los requisitos de otro reto, pero me gusta hacer de la necesidad virtud), TODO ELLO EN NEGRITA.

QUIERO DESTACAR QUE HACE UNAS SEMANAS CUMPLÍ LO DEL LIMITE DE PALABRAS. 

PODEIS VER EL RESTO DE APORTACIONES  (sin duda, ms ajustadas a los requisitos) AQUI.

 

 

QUIERO CREER QUE FUE REAL, AUNQUE SABERLO NO CAMBIE NADA

               “Es una historia real. Los hechos descritos en este texto tuvieron lugar en Barcelona en 1985. A pedido de los supervivientes, se cambiaron los nombres. Por respeto a los muertos, el resto fue contado exactamente como sucedió”.

          La clase de kárate había empezado y se había desarrollado como todos los miércoles, con la única novedad de que el chico más blanco de la clase, se había fijado por un instante en el culo de la chica más delgada de la clase. Ella se había girado alertada por el detector que todas las chicas tienen, y que se dispara cuando alguien les mira el culo, pero el chico más blanco de la clase, ya había bajado la mirada. Aquella tarde no había venido a entrenar el novio de la chica más delgada de la clase, afortunadamente para el chico más blanco de la clase.

           Hacia el final de la sesión se hacían los combates. Era durante la época en que comenzaban las artes marciales de contacto en los gimnasios. Se podían dar tanto patadas como puñetazos reales, pero no en los genitales ni en la cara.

          Al chico más fuerte de la clase, le tocó combatir con el chico más blanco de la clase. En un momento dado, a este último se le escapó una patada que impactó con la cara del primero. Tras las oportunas disculpas, saludos y resaludos, el combate continuó. Durante su desarrollo, el chico más blanco de la clase resbaló en el suelo de sintasol azul ―no era un gimnasio de alto standing, con tatami y tal―, impregnado de sudor ―tampoco había aire acondicionado―, y cayó. En el momento de levantarse dio unos saltitos, indicadores de que se encontraba bien, y fue en el intervalo aéreo de uno de esos saltitos, cuando se desató la furia ciega del chico más fuerte de la clase, y lanzó la más potente patada lateral que en el mundo ha sido. El impacto sobre el plexo solar ―boca del estómago― de su contrincante fue demoledor. El chico más blanco de la clase reunió todas sus ansias para acoger en sus pulmones la mayor cantidad de oxígeno, pero no pudo aspirar más de cero centímetros cúbicos. Pensó que aquel pie se había hundido tan profundamente en su barriga, que había tocado levemente su columna vertebral, pero esto no fue real; quedó a un par de milímetros de ella. Aquella fue la primera vez que le dieron una patada en la boca del estómago.

          La clase se dio por concluida. Llevaron al chico más blanco de la clase al vestuario y poco a poco fue recuperando el aire, mientras el resto de sus compañeros se duchaban e iban yéndose.

          ―¿Estas mejor? ―preguntó el chico más bajo de la clase, que además era el maestro.

          ―Sí, ya voy estando mejor.

          ―Tranquilo. Te quedas solo. Cuando te vayas apaga las luces y cierra de golpe.

          ―Vale, vete tranquilo. Ya cierro yo.

          El chico más blanco de la clase, se quitó el kimono y cuando se estaba metiendo en la ducha, la puerta del vestuario se abrió, y un dedo acusador le apunto:

          ―Tú, marrano, me has estado mirando el culo durante toda la clase ―escupió la deslenguada lengua de la chica más delgada de la clase, mientras no podía reprimir una mal disimulada sonrisa.

          Aquella fue la primera vez que entraba en el vestuario masculino una chica desnuda. Pero no la última.

 


miércoles, 6 de octubre de 2021

¿ACASO NO MATAN A LOS CABALLOS?

Este jueves nos convoca Myriam desde su blog DE AMORES Y RELACIONES

a desarrolar un texto con el tema EL CABALLO, un animal de caracteristicas peculiares en relacion con otros domesticados por el hombre. 

Podéis encontrar el resto d aportes al tema AQUI 

 

 

          Horace, ya desde niño, era amante de los caballos. Solía acudir acompañado de su padre al hipódromo. Primero se limitaba a ver las carreras, luego insistió en entrar a las cuadras. Su padre no pudo negarse a complacerlo, mediante el oportuno soborno semanal a alguno de los mozos. Cuando el padre lo llevaba a la granja del abuelo era cuando más disfrutaba. Tenía dos enormes caballos de tiro, de aquellos que el pelo les cubre las pezuñas. Le encantaba verlos andar por la hierba, clavando los cascos en el terreno, de tan fuertes como eran y de lo que pesaban. Eran la estampa del poder.

          Se hizo veterinario. A los cuarenta y cinco todavía no se había casado. Dedicaba casi todo su tiempo al trabajo,y a ahorrar para poderse comprar un pura sangre. Finalmente lo consiguió. Compró una hembra. No había tenido nunca demasiado interés por la cría, pero vio una oportunidad en ella, cuando se dio cuenta de que con su sueldo, jamás llegaría a tener una cuadra propia por pequeña que fuera.

          Decidió cruzarla con el más famoso pura sangre del estado. “El cojo” le llamaban. No había fotos de él ni en las revistas de hípica. El día de la cita acudió con su yegua, se entrevistó con el dueño:

          ―¿Por qué ese apodo? ―preguntó Horace.

          ―¿Por qué cree usted? Porque es cojo. Pero no se preocupe por eso. Su padre fue campeón de… bla bla bla ―Horace no era muy amigo de escuchar fanfarronear, así que se dio la vuelta y se dirigió a los establos:

          ―Vamos a verlo ―cortó sin éxito.

          ―…y su madre… bla bla bla. Se quedó cojo por un accidente que tuvo… ―Horace se asomó al establo esperando ver a un caballo renqueante intentando montar a su yegua, pero encontró a su yegua sujeta aún por un mozo, y a un caballo apoyándose en sus patas traseras, con la delantera izquierda pateando el aire, y unos correajes sujetándolo del techo por donde debía estar la pata delantera derecha―. Al final se le engangrenó y tuvimos que cortársela. Más o menos se las apaña con una pata, pero para montar yeguas tenemos que ayudarlo.

          La operación consistía en levantar la parte delantera de “el cojo”, meter debajo a la yegua, y rezar para que con los embates, no se fuera todo el conjunto al suelo. Demasiado para Horace.

          ―Vamos a su despacho mientras acaban. Le hare un cheque ―. Y se dirigieron hacia la casa. A medio camino, Horace se excusó―: Voy al coche a por el talonario. ―Abrió el maletero y el maletón de medicamentos y equipamiento que llevaba siempre a cuestas. Cogió cinco frascos de unos polvos blancos. Fue a la casa, firmó el talón y lo entregó al dueño de “El cojo”.

          ―Gracias. Según lo acordado, puede volverla a traer la semana que viene en caso de que no quedara preñada a la primera, caso improbable porque… bla bla bla…

          Cuando llegaron al establo la operación había terminado. Horace se las apañó para apoyarse en el abrevadero privado de “El cojo”, mientras charlaba con uno de los mozos, y le daba las llaves del remolque de caballos para que subiera a su yegua. Luego siguió hablando con el dueño del semental mientras se dirigía a su coche. Se despidió, subió al coche tras revisar el remolque, tiró al suelo del acompañante cinco frascos vacíos y arrancó.

          Al día siguiente, pasó por la finca del semental y vio dos coches de policía y un furgón sanitario.

          La yegua no quedó preñada, y Horace no hizo ni amago de reclamación durante la semana siguiente; ni siquiera para disimular. Horace decidió que nunca tendría aquella cuadra propia, por pequeña que fuera.  

         

 


martes, 28 de septiembre de 2021

METAMORFOSIS XLVII

 

 ESTA ES MI PARTICIPACION EN EL TALLER "EL VICI SOLITARI", PARA EL JUEVES DE ESTA SEMANA. EL RETO CONSISTE EN  DESARROLLAR UNA VERSION ALTERNATIVA DE "LA METAMORFOSIS" DE kAFKA, MANTENIENTO EL PLANTEAMIENTO INICIAL

 

 

          Cuando se despertó notó algo raro. Estaba echado del lado izquierdo y veía la almohada y el techo a la vez. Intentó ponerse boca arriba para incorporarse pero los brazos no le respondían. Trató de girarse cuerpeando, pero todo lo que consiguió fue volcarse al lado derecho. Volvió a la posición original ―ahora ya tenía cierta práctica―. Consiguió incorporarse lateralmente y quedó sentado en la cama. Ahora veía la puerta y la ventana. La puerta por la derecha y la ventana por la izquierda. Miró hacia abajo, pero siguió viendo lo mismo, con otro ángulo. Giró la cabeza, y ahora sí, consiguió verse los pies; y el techo. Siguió hacia arriba y se vio las piernas; siguió y vio que estaba desnudo y que había sido adornado con la capacidad de mear de pie, por lo que en ese momento decidió ir a practicar. Instintivamente llegó al lavabo, pero para entonces ya había olvidado para qué había ido. Vio que había un espejo y aprovechó para  ponerse frente a él, pero solo consiguió ver la ventana por la derecha y la bañera por la izquierda. Cuando vio la bañera el corazón le dio un vuelco. Quería agua. Se giró hacia la bañera y entonces vio la puerta por la izquierda y el espejo por la derecha. En él vio reflejado un besugo sin brazos. 

            A duras penas, recordó del día anterior, cuando era humano, que accionando el grifo de la bañera, salía agua. Quería agua. Se apañó para accionar el monomando con el pie. Casi inmediatamente despues de que comenzara a fluir el agua del grifo,  el pis comenzo a fluir por su cuenta, como si no fuera con él, como si el sistema urinario fuera autonomo.

          Finalmente se llenó la bañera. Sintió un alivio orgásmico al sumergirse en el agua. Cuando llevaba allí tres horas ya volvía a devorarle la ansiedad. El agua estaba sosa, y aunque era mejor que estar fuera de la bañera, decidió arriesgarse, e ir a buscar el mar. Cuando volvió a pasar por delante del espejo, reminiscencias de su antigua conciencia humana, volvieron a invadir su cerebro para hacerse preguntas sobre el sentido de la vida y su nueva naturaleza: ¿Se había convertido en un sireno?  ¿O un sireno sería al revés?

          Todas estas cavilaciones se disiparon al salir por la puerta del baño. Y no digamos al salir por la puerta de casa. Una vez en la calle apretó a correr, aunque ya no recordaba para qué, ni hacia dónde. De todos modos siguió corriendo, el mar le llamaba. Estuvo a punto de pensar en cómo hacían los hombres primitivos para correr desnudos, rebotando las bolas con los muslos de aquella manera ―obviamente hacía calor, y lo de la ropa, al pez, ni siquiera le había pasado por la cabeza―, pero finalmente no lo pensó. Los pensamientos humanos eran cada segundo que pasaba, más infrecuentes.

          Cuando llegó al puente sobre el rio Hudson más cercano a la desembocadura, saltó como pudo por encima de la baranda y cayó al agua. Aquello ya era otra cosa. Se notaba la sal a pesar de estar aún en el rio. Intentó dirigirse hacia mar abierto, pero las dos piernas no daban el mismo impulso que una aleta caudal, y menos aún si las sacudía lateralmente, como si de una de esas colas se tratara. La única dirección en la que consiguió avanzar fue hacia abajo. Además le faltaba el aire. Si no se ahogó al despertarse en la cama fue porque tenía pulmones humanos. De modo que, como no era humano, pero tampoco pez, se ahogó. Era una mutación, pero no una variante de preocupación.

 

 


viernes, 24 de septiembre de 2021

EL PRECIO DE LA REALIDAD

 

 

ESTE JUEVES NOS CONVOCA MAG CON UN SUPERINTERSANTE TEMA IMPOSIBLE DE DESARROLLAR EN 350 PALABRAS, PERO CONTRA TODO PRONOSTICO HE HECHO LO IMPOSIBLE.

PODEIS ENCONTRAR EL RESTO DE RELATOS PARTICIPANTES AQUÍ


 

 

          ―Entonces quedamos en que el coche verde de matrícula…

          ―Nooo. Tú no tienes por qué saberte la matrícula ―le interrumpió el abogado―. ¿Tú vas aprendiéndote las matrículas de los coches que ves?

          ―Tiene razón. Entonces digo que el coche verde se saltó el semáforo rojo. Ya hacía más de tres segundos que había cambiado de verde a rojo. La Sra. Martínez, en su furgoneta blanca salió del semáforo en verde y se vio embestida…

          ―En realidad… ―interrumpió la señora.

          ―Shhhhh…―cortó el abogado―. Aquí, ¿a quién le interesa la realidad? La realidad es aburrida y prosaica. La realidad es que usted fue embestida por un energúmeno. Y cuando ganemos el juicio, será la realidad oficial.

          ―Bueno, perdón. En realidad quería decir que es Sra. Martín, no Martínez.

          ―Ah, bueno. Eso da igual. Usted no tiene que hablar nada, solo cuando le pregunten. Y no se olvide de ponerse el collarín. Ya tendría que llevarlo siempre, aunque haga calor. Y, perdone que le pregunte, esa cojera que tiene…

          ―Es de la polio… ―respondió ella. El abogado se cogió la barbilla, pensativo:

          ―¡Vaya por Dios! Por ahí nos iban a pillar. ―Cambió de tema, y se dirigió al testigo―. A ver, continúa “el coche verde embistió…”

          En ese momento sonó el móvil del testigo:

          ―Diga…

          ¿Quién es?...

          Ya. Pero ¿Quién es?

          Del gabinete ¿qué?

          ¿“Tracy & Spencer”? ―preguntó mirando inquisitorio al abogado. Este levantó enérgicamente el pulgar en señal vehementemente aprobatoria.

          Sí.

          Ya.

          Bueno eso depende de las sesiones y de la importancia del juicio. 50 por sesión y hora. 500 si el juicio es importante y sale en la prensa o la tele. Si es asesinato o violación, hay que hablarlo.

          ¿Cóoomooo? ―preguntó indignado―. ¿Cómo que sin IVA? Oiga usted, que uno es un profesional.

            

 

 

 

 

Entradas populares