miércoles, 10 de junio de 2026

LAS RAREZAS

 Esta semana, las amigas jueveras Patricia y Rosana nos convocan desde su blog ARTESANOS DE LA PALABRA a armar un relato con los ingredientes que figuran en un par o tres de fotos.

AQUI podéis encontrar el resto de aportes


Mi abuela era, lo que podríamos llamar, rara. “Raro” es una palabra que ha cambiado de significado en los últimos años. Cuando ella vivía, raro era un característica peyorativa aplicada a una persona; casi un insulto. Ahora sigue siendo una característica distintiva pero ahora la uniformidad es despreciable.

Me di cuenta de que era rara la primera vez que vino con mi abuelo a visitarnos a Barcelona. Mi abuela era una mujer de negro, de aquel negro perpetuo de la España profunda, con su moño, sus zapatillas de paño negro y su mandil negro en cuyos bolsillos se criaban caramelos por generación espontánea. Una tarde desapareció. Mi abuela nunca había estado en Barcelona y no sé si en alguna ciudad grande. Cuando volvió explicó que había encontrado un sitio donde hacían carreras de perros ―el canódromo que había cerca de casa―, y que lejos de mantenerse como observadora, había averiguado que se podía apostar y cómo hacerlo. Y lo hizo. Se gastó veinte duros de la época, y los perdió. En eso no era rara. Aquella pérdida fue su mayor preocupación durante toda la tarde.

Esto solo es una muestra. Por definir su carácter diría que de ir en la actualidad a un psiquiatra la diagnosticarían de “bipolar con el polo depresivo estropeado”.

Poco después fuimos todos al pueblo. Mi abuela era costurera y hacía los encargos con su máquina Singer en casa. Nada más llegar me dijo que me iba a hacer un jersey. Debía salir de su zona de confort y dejar la máquina a un lado para pasarse al punto.

―…un jersey de color rojo ―me anunció.

―¿Rojo? ―me quejé. Ya tenía uno granate. Mi otra abuela, Pilar, la lechera, me había hecho uno verde fosforito, y viendo una naranja al lado del ovillo de lana roja que ya tenía preparado, se me ocurrió que me haría falta uno naranja fosforito, y así se lo dije a esta abuela, Pilar, la casillera. Así era como la llamaban.

―Muy bien ―contestó mi abuela, que ya había trazado su plan dando un vistazo al par de referidas esferas. Cogió el ovillo de lana y le dio un bocado. Pude ver mientras masticaba que por dentro era de color amarillo manzana. Luego cogió la naranja y la seguí a la cocina. Con un cuchillo empezó a pelarla dejando una monda no solo mínimamente gruesa, sino tan extremadamente estrecha, que podía tejerse―. ¡Antonio!, ¿puedes ir a Tidora y traerme cinco kilos de naranjas? ―le chilló a mi abuelo que acababa de volver del campo―. En tres días tendrás tu jersey naranja. ―me anunció. ¿Se acuerdan de aquellos concursos de pelar fruta en que ganaba el que sacaba la monda que menos pesaba? Mi abuela era la campeona del pueblo.

Cuando salí de la cocina vi por la ventana que en el monte había nevado. Eso fue lo más raro de aquel día. En el pueblo nunca, nunca nevaba.

Bueno, el día que murió mi abuela años más tarde, la única ocasión en que he ido al pueblo en invierno, también nevó.




viernes, 22 de mayo de 2026

EL DOPPELGÄNGER

Hoy os traigo un relato que formara parte del próximo libro de nuestro grupo de escritura EL VICI SOLITARI. El tema sera misterio y cosas sobrenaturales en general. El título importa.


 

Ring, ring.

―Toni, ves a abrir.

―No puedo ahora mismo; estoy con Jona ¿Puedes ir tú?

―Vale.

La esposa de Toni abrió la puerta pero no vio a nadie. Echó un vistazo a ambos lados del porche con el mismo resultado. Finalmente cerró la puerta y volvió a la cocina. La valla exterior no tenía portezuela, pero estaba seis metros separada de la fachada; era raro que los chavales llamaran y se fueran corriendo.

―¿Quién era? ―preguntó Toni mientras bajaba por la escalera.

―Nadie, no había nadie.

Toni se dejó caer en el sofá.

Ring, ring.

La esposa de Toni sacó a cabeza por la ventana de la cocina, que también daba al porche.

―No hay nadie, pero ves.  A mí ya me han tomado el pelo antes.

―¡Joder! Acabo de sentarme ahora mismo…

Ring, ring.

―¿¡Quién es!? ―vociferó Toni desde el sofá, que estaba a escasos cuatro metros de la entrada.

Ring, ring.

―Su puta madre ―susurró Toni para no ser oído. Hundió el mando a distancia en el cojín de un manotazo, y fue a cantarle las cuarenta a quien estaba llamando. Abrió y allí estaba su esposa sin ropa―. Pero ¿Qué coño haces ahí en bolas? ―susurró cogiéndola del brazo. Eran las siete de la tarde y aun había gente paseando por la urbanización. Se asomó y miró a ambos lados como había hecho ella antes. Afortunadamente no había nadie mirando, al menos en la calle. Si había algún mirón desde alguna ventana, seguro que se enteraría mañana en Josie’s―. ¿Se puede saber qué hacías ahí? ―volvió a preguntar, pero no obtuvo respuesta. Entonces se fijó en un tatuaje que lucía justo debajo del pezón derecho. Representaba un pez chapoteando en el agua para no ahogarse, así, en estilo caricaturesco infantil. Le cogió la teta y la levantó para verlo mejor. Ella no se quejó―. ¿Cuándo te has hecho esto? ―No hubo respuesta―. ¿Qué pasa? ¿Te ha comido la lengua el gato?

―Es que me he hecho daño. ―Entonces se dio la vuelta y Toni vio que tenía otro tatuaje en la nalga derecha; el mismo pez pero muerto en lo que parecía el mostrador vacío de una pescadería. En este no se detuvo tanto porque su atención acudió de inmediato a una puñalada abierta que llevaba en el riñón del mismo lado. No sangraba.

―¡Mamá! ―exclamó escandalizado Jona desde la baranda del piso de arriba, que daba justo al salón donde se encontraban.

―¡Niño! ¡Métete inmediatamente en tu habitación! ―gritó con urgencia Toni que ya se estaba encontrando superado por la situación.

―¿Qué pasa con los gritos? ―dijo la esposa vestida de Toni mientras salía de la cocina con la cara ciertamente más pálida de lo habitual―. Cariño, voy a sentarme un poco, que no me encuentro muy bien. ―Pasó por delante de la pareja y se dejó caer en el sofá, del mismo modo que acostumbraba a hacer su marido. En ese momento, como conjurada por la cercanía de la esposa vestida, la puñalada comenzó a sangrar abundantemente―. Al final, ¿Quién era?

Toni no sabía a cuál de las dos mirar.

―Ayúdame, por favor. Me voy a desangrar ―suplicó la desnuda a Toni cogiéndolo con ambas manos por el antebrazo.

La vestida miraba a su marido gesticular como si estuviera hablando con alguien. A estas alturas, la desnuda estaba de pie sobre un charco de sangre. Toni intentaba comprender algo.

―¿Quién era? ¿Es un secreto? ―dijo la vestida, después cogió aliento: ¡Jona! ¡Baja a poner la mesa! ―gritó, y luego continuó bajito: …que yo estoy muy cansada.

―¿Ya puedo salir? ¿Qué hay para cenar? ―gritó desde su habitación.

―¡Ni se te ocurra! ―contestó el padre, mientras llevaba a la desnuda a la cocina para intentar taponar la herida y llamar a una ambulancia.

―Pescado ―susurró la vestida antes de perder el conocimiento.

Cuando Toni salió de la cocina su esposa vestida ya no estaba viva. Cuando volvió a la cocina, la desnuda ni siquiera estaba.

 


Nota aclaratoria: Un dopplegånger es un ser mitico-mágico de la cultura nórdica que aparece cuando alguien va a morir. Es un doble exacto del que va a morir, y el que va a morir no puede verlo. Existen variaciones, sobre su corporeidad, sobre si se refleja en los espejos, sobre si tiene sombra, o sobre si es invisible para la victima

lunes, 11 de mayo de 2026

LA SEPARACIÓN DE PODERES

 Este mes REBECA nos reta desde su blog CRÓNICA DE LA LOCA QUE CAZABA NUBES a escribir un micro (que a mí no me ha salido tan micro), en el que se incluyan tres palabras, a saber: JUEZ, LEÓN y la última un poco más larga TIJERAS

  

Podéis encontrar el resto de retos AQUI

 

Simba Tico era el más poderoso león de la sabana, y por eso era el Rey; al menos de la zona en la que gobernaba. Desempeñaba su función con desenvoltura y eficacia, y era muy querido por todos sus súbditos.

Cierto día apareció por su reino otro león, un extranjero que venía de la zona colindante. Se llamaba Simba Peles ―todos los sabaneños tienen apellido, no solo los reyes―. Era un joven adulto que había abandonado su lugar de nacimiento porque no pudo arrebatarle la corona a su Rey.

Merodeó por el vecindario de Simba Tico hasta que este último se hartó y lo retó. La pelea fue muy ajustada, tanto que el resultado se estimó como un empate; más o menos. En realidad las votaciones de los jueces ―en la sabana, las peleas son juzgadas por ancianos de la misma especie― dieron como resultado que Simba Peles ganó por un voto, pero para destronar un Rey hace falta mayoría cualificada; no basta con mayoría simple.

Simba Tico quedó muy tocado física, anímica y socialmente. Decidió tomar medidas drásticas contra Simpa Peles, haciendo uso de su ejército en la sombra: los Fisi-sils. Eran un comando especialmente entrenado de hienas. Nadie, solo los de muy alto rango en el gobierno, conocían su existencia. Había habido rumores, pero eran fácilmente desacreditados por la conocida enemistad que hay entre ambas especies, por eso no hubo grandes protestas cuando las Fisi-sils liquidaron al aspirante.

No obstante, hubo una denuncia anónima. Las sospechas se reactivaron y el alto sentido de la justicia del juez Tempo Ral ―el apellido era un coña de reciente cuño, ya que llevaba en el cargo cuarenta años― obligó a reabrir el caso. Se trataba de un elefante cuya jubilación forzosa se aproximaba, y que no quería dejar un borrón en su legado, que había sido ciertamente exitoso.

Tras las declaraciones de varios testigos ―las Fisi-sils, con esos grititos que dan, no son demasiado discretas―, y el testimonio de una hiena traidora, Simba Tico fue condenado. En la sabana los Reyes no son… ahora no me acuerdo como se dice… no son… bueno, que sí que pueden ser juzgados; no pueden hacer lo que quieren e irse de rositas. No obstante el juez Tempo Ral no fue muy duro en su sentencia; tan solo lo condenó a perder su corona y su melena. El castigo se llevó a cabo allí mismo. El magistrado ordenó atar al león junto a un nido de cortapichas; son unos insectos que tienen unas pinzas afiladas como auténticas tijeras, que en esta ocasión se tuvieron que conformar con cortar pelos. La melena no les duró ni cinco minutos.

Esta pérdida no es tan baladí como parece porque a los leones les pasa como a Sansón: pierden la fuerza. A esto se le suma lo de perder la alegría, como ya advierte el refrán. Todo ello hizo que Simba Tico dejara, poco a poco, de hacer honor a su nombre, y se convirtiera en un león huraño y huidizo. Esto último fue a más cuando los leones jóvenes se le acercaban y lo confundían con una hembra, y comenzaban a olisquearle los genitales y… Ah, ya me acuerdo… “inviolable”, era la palabra que no me salía.

 


lunes, 4 de mayo de 2026

EL TURISMO ES UN GRAN INVENTO.

Este mes toca micro en EL TINTERO DE ORO. PEPE  se encarga de dirigirnos y nos demanda que  nos pongamos frente a nuestra biblioteca y de la tercera estantería, cojamos el tercer libro y que empecemos nuestro micro con la primera frase del tercer capitulo. A mi me ha salido "Di adiós al mañana" de Horace McCoy. Aunque seguro que en su día lo leí, no estoy muy seguro, así que voy a volver a hacerlo porque hace mucho que no leo policiaco. mi texto no tiene que ver con él, solo la frase en cursiva del principio.

AQUÍ podéis encontrar el resto de treses

Nos dirigimos hacia el corazón mismo del pueblo, hacia un garaje del barrio comercial. Allí alquilaríamos un coche. Cuando ya se divisaba, sonó un piribí, como cuando un móvil se apaga, y se fue la luz. Eran las 15:00 y se fue la luz.

Holiday se agarró a mi brazo:

―¿Qué pasa?

―Ni idea ―contesté―. Vamos al garaje. Hacia allá. Estábamos cerca.

―Es que no veo nada.

―Tranquila. Ya voy yo.

Buscamos a tientas un banco de los que habíamos visto que había por el paseo. Pero en cuanto Holiday se sentó, dio un respingo y volvió a agarrarse:

―¡Hay alguien!

―¿Hola? ―inquirí―. ¿Hola? ―No hubo respuesta. Palpé y allí había sentado un tío con sombrero―. ¡Oiga! ―Nada, ni un solo movimiento.

―Vamos ―suplicó Holiday.

Una luz débil se veía dentro del garaje. Era azulada y pulsante. Entramos. Llegamos a una pequeña habitación llena de monitores. Frente a ellos había un policía dormido. Roncaba. Llevaba pistola. Le sacudí suavemente de un hombro:

―¿Hola? ―Nada. Como el otro. Le sacudí más fuerte y entonces saltó de la silla y echó mano a la pistola.

―¡¿Qué pasa?! ―gritó. Tardó unos segundos en acomodarse a la situación― Ah, perdonen. Me he dormido. ―El policía echó mano de una llave megavoltaica de cuchilla, del más puro estilo steampunk, y la accionó. Una serie de arcos voltaicos precedieron a una abrumadora inundación lumínica que pilló a nuestras pupilas desprevenidas―. Pasen a la salita. Mi compañera les atenderá.

Una chica que no habíamos visto al entrar, vestida igual que el policía, nos atendió. Fuera había vuelto a salir el sol.

sábado, 2 de mayo de 2026

LA REGATA

Este mes el reto de LIDÍA CASTRO NAVAS de ESCRIBIR JUGANDO nos demanda un micro de 100 palabras  basado en la carta de más abajo, en el que ha de salir también el signo zodiacal Escorpio y las propiedades terapéuticas de la flor de Bach Gentian, cuyos efectos se resumen en subir el ánimo a gentes con tendencias a tenerlo bajo.

 

Podéis encontrar el resto de aportaciones AQUI

 

Álex sufría depresión mayor.

          ―Solo pueden participar escorpios.

          ―Ya.

          ―¿Sabe nadar?

          ―Claro ―mintió Álex―. Escorpio es un signo de agua. Y además ganaré ―El gentian funcionaba.

          ―Conoce el cuento del escorpión y la rana ¿no? ―Álex no reaccionó―. Coja un cuento y el dorsal. Debe leer el cuento antes de participar.

          Álex no se amedrantó.

          Llegando a una curva a demasiada velocidad se vio rodeado de una bandada de patos volantes que se llevó a la barca por los aires. Estaba a punto de ganar cuando el efecto del gentian se agotó, y pensó que tampoco sabía volar.   

 

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