lunes, 4 de mayo de 2026

EL TURISMO ES UN GRAN INVENTO.

Este mes toca micro en EL TINTERO DE ORO. PEPE  se encarga de dirigirnos y nos demanda que  nos pongamos frente a nuestra biblioteca y de la tercera estantería, cojamos el tercer libro y que empecemos nuestro micro con la primera frase del tercer capitulo. A mi me ha salido "Di adiós al mañana" de Horace McCoy. Aunque seguro que en su día lo leí, no estoy muy seguro, así que voy a volver a hacerlo porque hace mucho que no leo policiaco. mi texto no tiene que ver con él, solo la frase en cursiva del principio.

AQUÍ podéis encontrar el resto de treses

Nos dirigimos hacia el corazón mismo del pueblo, hacia un garaje del barrio comercial. Allí alquilaríamos un coche. Cuando ya se divisaba, sonó un piribí, como cuando un móvil se apaga, y se fue la luz. Eran las 15:00 y se fue la luz.

Holiday se agarró a mi brazo:

―¿Qué pasa?

―Ni idea ―contesté―. Vamos al garaje. Hacia allá. Estábamos cerca.

―Es que no veo nada.

―Tranquila. Ya voy yo.

Buscamos a tientas un banco de los que habíamos visto que había por el paseo. Pero en cuanto Holiday se sentó, dio un respingo y volvió a agarrarse:

―¡Hay alguien!

―¿Hola? ―inquirí―. ¿Hola? ―No hubo respuesta. Palpé y allí había sentado un tío con sombrero―. ¡Oiga! ―Nada, ni un solo movimiento.

―Vamos ―suplicó Holiday.

Una luz débil se veía dentro del garaje. Era azulada y pulsante. Entramos. Llegamos a una pequeña habitación llena de monitores. Frente a ellos había un policía dormido. Roncaba. Llevaba pistola. Le sacudí suavemente de un hombro:

―¿Hola? ―Nada. Como el otro. Le sacudí más fuerte y entonces saltó de la silla y echó mano a la pistola.

―¡¿Qué pasa?! ―gritó. Tardó unos segundos en acomodarse a la situación― Ah, perdonen. Me he dormido. ―El policía echó mano de una llave megavoltaica de cuchilla, del más puro estilo steampunk, y la accionó. Una serie de arcos voltaicos precedieron a una abrumadora inundación lumínica que pilló a nuestras pupilas desprevenidas―. Pasen a la salita. Mi compañera les atenderá.

Una chica que no habíamos visto al entrar, vestida igual que el policía, nos atendió. Fuera había vuelto a salir el sol.

sábado, 2 de mayo de 2026

LA REGATA

Este mes el reto de LIDÍA CASTRO NAVAS de ESCRIBIR JUGANDO nos demanda un micro de 100 palabras  basado en la carta de más abajo, en el que ha de salir también el signo zodiacal Escorpio y las propiedades terapéuticas de la flor de Bach Gentian, cuyos efectos se resumen en subir el ánimo a gentes con tendencias a tenerlo bajo.

 

Podéis encontrar el resto de aportaciones AQUI

 

Alex sufría depresión mayor.

          ―Solo pueden participar escorpios.

          ―Ya.

          ―¿Sabe nadar?

          ―Claro ―mintió Álex―. Escorpio es un signo de agua. Y además ganaré ―El gentian funcionaba.

          ―Conoce el cuento del escorpión y la rana ¿no? ―Álex no reaccionó―. Coja un cuento y el dorsal. Debe leer el cuento antes de participar.

          Álex no se amedrantó.

          Llegando a una curva a demasiada velocidad se vio rodeado de una bandada de patos volantes que se llevó a la barca por los aires. Estaba a punto de ganar cuando el efecto del gentian se agotó, y pensó que tampoco sabía volar.   

 

martes, 28 de abril de 2026

EL EGOCÉNTRICO

Esta semana se estrena como anfitriona juevera SYLVIA desde su blog PALABRAS AL ABISMO que nos convoca a un reto con inicio definido, a elegir entre 5 novelas famosas. Yo he elegido otra con inicio (EN CURSIVA) famoso tanto como la novela, aunque quizás me haya cortado las alas con un inicio tan restrictivo. La novela es "El Túnel", de Ernesto Sábato.

AVISO que el relatito es particularmente DESAGRADABLE 

Podéis encontrar el resto de inicios AQUI

 

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona, así que voy a hablarles de ella, en adelante, “la estéril”.  

Este, que terminó siendo su principal atributo, quedó en un principio obnubilado por su belleza, su ternura y su bondad, todas ellas cualidades que el paso del tiempo devora ineludiblemente. Y cuando todas las plantas caducas desaparecen del paisaje al llegar el invierno, el horizonte lo definen las perennes.

Por supuesto que no fui advertido de este oculto defecto que la adornaba. Mi padre me inculcó desde chico la necesidad incuestionable del hombre de perpetuarse. Yo ya era famoso cuando conocí a la estéril, pero entendí que mi obra era un legado insuficiente. Y plantearse si bastaba con la estirpe, o debía apuntar más alto y perpetuar el apellido, deviene en un dilema hueco cuando no hay descendencia.

Obviamente visitamos infinidad de clínicas de fertilidad. Una sarta de charlatanes sacacuartos, inútiles pagados de sí mismos, que se creen que porqué han estudiado cinco años, poseen la verdad; ni en treinta que estudiaran. A medida que íbamos visitando clínicas tardaba cada vez menos en calarlos. Algunos se atrevieron a insinuar que la culpa ―no decían la culpa, sino algún eufemismo― era mía, y que debería yo también someterme a pruebas; este era el momento en que se suspendían la visita, los tratamientos y la relación con la clínica.

Ella apuntó la posibilidad de la adopción. Aquí empecé a sospechar que la esterilidad no era su único defecto. Parece lógico que una mujer debería entender mejor el concepto de la descendencia y la estirpe, que un hombre. No me alargaré en este concepto, por su obviedad.

Recogí información sobre la posibilidad de apoyarnos en la nutrición, así que la alimenté exclusivamente con huevos y leche. Incluso conseguí leche humana, visto que la de vaca no daba resultados. Yo me sacrifiqué y me obligué a comer con frecuencia criadillas, a pesar de esa textura que tienen. Nada de todo ello dio resultado.

Como la estéril se acercaba a los cuarenta y por aquel entonces no existía el divorcio, no tuve más remedio que prescindir de ella si quería tener descendencia. Enfocado como una inversión no resulta tan dramático. Cambiar una vida que ya ha consumido sus mejores años por una, o varias, vidas nuevas. Este triaje es habitual en épocas , por ejemplo, de guerra.

El problema llegó con la policía, que insospechadamente descubrió el asesinato. Parece increíble que semejante sarta de inútiles, que rivalizaban en estupidez con los de las clínicas fertilizantes, fuera capaz de desentrañar la trama. De hecho, las dos veces anteriores no lo hicieron, por eso quizás me confié un poco. Pero, bueno, como suelen decir, hasta un reloj parado marca bien la hora dos veces cada día.

 

sábado, 11 de abril de 2026

A CORRER

 Este mes LIDIA CASTRO NAVAS, nos proponed desde ESCRIBIR JUGANDO, su habitual reto de micro de cien palabras, en cuyo contenido deben aparecer tres elementos. A saber: un laberinto, unas zapatillas aladas, y unas pinturas rupestres.

Podéis encontrar el resto de micros AQUI

El grupo arqueológico había recorrido un kilómetro por aquel laberinto de cuevas sin descubrir ninguna otra pintura más, cuando vieron una grieta. Heuresis y sus cuarenta kilos eran la única posibilidad. Tras avanzar cuatrocientos metros por aquel desvío, descubrió un ensanchamiento.

Había una pintura larguísima. La examinó detenidamente. Llamó su atención un cazador más pequeño que el resto que calzaba algo. Al final de la pintura vio una luz. Avanzó hacia la salida y justo allí encontró unas pequeñas deportivas aladas. Se las calzó y eran de su talla. Salió y un bisonte le pasó rozando a toda velocidad.


sábado, 4 de abril de 2026

AL QUE NACE PA MARTILLO...

 Este mes EL TINTERO DE ORO nos invita a hablar sobre el destino, apoyándose en "Cien años de soledad". No se trata de imitar a García Márquez (por suerte). Solo de hablar del destino que tan presente está en esa obra. Yo ya lo reflejo en el titulo, que es un refrán sobre ese tema (bueno, medio refrán, el lector ya lo acaba), y además resume la historia del protagonista.

 

 AQUÍ podéis encontrar el resto de destinos.

 

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, vivía…

¡Meee! (Rayita ondulada roja debajo de “vivía”). ¿Qué pasa ahora? Lleva tilde, está bien puesta, sin mayúscula… Ah, ya… no es cosa del corrector; es cosa de la I.A., que ya me conoce y sabe lo que voy a escribir. Y como siempre, tiene razón… Jamerio no vivía. Era un objeto. Mejor volvemos a empezar…

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, existía Jamerio, que no era una persona sino un objeto. Más bien, un invento fracasado. Ya imaginaréis que, tal y como su propio nombre indica, Jamerio era un martillo, aunque en aquella galaxia esta palabra no existía porque no existía el objeto. Jamerio era un martillo capaz de clavar clavos de un solo golpe. ¿Y por qué era un invento fracasado?, os preguntaréis. Pues porque hacían falta dos personas para clavar un clavo.

Ahora me estoy adelantando. Se me olvidaba comentar que…

En este planeta tan lejano, las personas eran mancas. Obviamente esta palabra tampoco existía; en este caso, porque todas las personas lo eran. Todos vivían en pareja. Más que para usar un martillo, para atarse los cordones, mecanografiar, y cosas así. En el resto de su anatomía eran iguales que los humanos. Dos ojos, quince dedos ―o sea, cinco por extremidad―, sangre roja compuesta por plasma, plaquetas, hematíes, leucocitos y darvinitos ―en este planeta ya los habían descubierto―. Los darvinitos, son unas células sanguíneas…

Me estoy yendo por los cerros de… Y además estoy metiendo muchos personajes.

A Jamerio le habían inculcado desde su concepción que estaba llamado a ser un gran invento a nivel global, pero el tema este de que la gente fuera manca ―en adelante “monobraquios”―, y sobre todo la existencia previa de grapadoras neumáticas, eléctricas y de batería estaba dificultando su ascenso al trono de las herramientas. Le costó muchos años de espera en el museo de objetos inútiles. Esto de “inútiles” le dolía especialmente porque él estaba destinado a ser uno de los inventos más importantes de la Historia con mayúscula.

Durante todos estos años, los darvinitos iban haciendo de las suyas. Aunque es dudoso que fuera por la necesidad de clavar un clavo sin compañía, hay opiniones para todo. Estas células sanguíneas son, como su propio nombre indica, las responsables de las mutaciones genéticas. También, como su propio nombre indica, aumentan en cantidad y en actividad con la ingesta de vino.

Se desconoce cuál fue el origen del aumento de su consumo, aunque se sospecha que se debió a varios años de sobreproducción de uvas. Lo cierto es que las mutaciones se multiplicaban entre la población. La trioftalmia fue una de las más comunes, pero los cerebros acababan por colapsar al no tener capacidad para procesar imágenes tridimensionales. A la tripedia le pasaba más o menos lo mismo. En cambio, la dibraquia, en su primera aparición, ya triunfó. En unas cuantas generaciones el dibraquismo se extendió por todo el mundo. La gente, con eso de la mayor ingesta de vino, también se volvió mucho más “sexualmente activa”, y como suele decirse, una mano lava a la otra. Bueno, esta expresión, allí, tampoco existía.

El caso es que poco a poco, la dibraquia comenzó a ser la característica dominante. Las discusiones entre los genetistas sobre si había un cambio de especie, o de si simplemente se trataba de una mejora genética, comenzaron a inundar los informativos.

Por aquel entonces un dibraquio, de profesión carpintero, visitó el museo  de objetos inútiles y se enamoró de Jamerio. En cuanto llegó a su taller, copió el diseño sin mucha dificultad. Tal como la especie evolucionaba, sus preferencias iban cambiando, de usar grapadoras a usar martillos. Es una evolución lógica. No nos vamos a engañar; no libera las mismas endorfinas apretar el botón de una grapadora, que meter un clavo entero, no importa la longitud, de un solo golpe; además el martillo se desgasta mucho menos.

Piénsenlo. Visualicen. Cierren los ojos. Meter un clavo de un palmo de un solo golpe. Mmmm… Bueno, no se me distraigan.

Poco tiempo después, un descendiente del inventor original de Jamerio, de profesión inventor, por supuesto, ideó un mecanismo que acoplado a los últimos modelos de jamerio ―en aquel planeta nunca llegó a existir la palabra martillo― dejaba caer del cielo ―o sea, desde lo alto del operario que lo usaba― los clavos, que iban a presentarse, mínimamente hundidos, en el lugar donde debían ser clavados. De este modo el operario solo debía liberar el brazo… y las endorfinas

Visualicen.

Este invento fue otra revolución mundial; incluso a nivel genético. Permitía a los monobraquios que aún quedaban, usar los jamerios con la misma eficacia que los dibraquios.

Y aquí empezó el declive de la dibraquia.

 

 

 

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