miércoles, 14 de octubre de 2026

ES MUY LARGA

 Este primer reto de temporada de EL TINTERO DE ORO se centra en la Condesa Pardo Bazán, que además del título de la escritora que nos ocupa, era el nombre de la calle en que estaba el colegio en que fui yo de parvulito y hasta sexto de EGB, así que me da pereza desaprender y aprender otra vez el nombre , porque siempre me encallaré. ahora la calle ya se llama Emilia...

Por eso entre otras cosas no quería dejar de participar, y ara ello he tenido que forzar un poco el tema, aplicándolo a una anécdota en lugar de a un gran trastorno de comportamiento.


AQUÍ podéis encontrar el resto de trastornos.

 

 

Siguiendo el criterio pero no la forma en que empiezan algunas películas de los hermanos Coen, diré que esta historia no está basada en hechos reales, y que si lo estuviera no sería yo el protagonista.

La semana pasada fui a ver la película de moda con unos amigos de estreno. Solo había coincidido con ellos un par de veces pero una amiga común me recomendó que fuera al cine con ellos, porque van a menudo y lo hacen cerca de donde vivo. Yo antes iba mucho al cine, pero ahora no voy nada. Nada de nada. El caso es que fuimos a ver una, no recuerdo cual, o sea que no debió ser muy buena… ah, sí… la última de Brad Pitt: un truño; pero bueno, era de Brad Pitt y no suele fallar. Y al despedirnos surgió uno que dijo que quería ver la peli de moda, la de los tocayos. ¡Qué pereza! Yo que estaba dispuesto a no ver más pelis de la guerra civil… Pero ¿qué le vamos a hacer? Estaban todos de acuerdo.

Fue un alivio que no tratara de la vida del poeta; solo aparece aledañamente. Estuve viendo la peli ―en un extremo de la tercera fila― más de una hora sin mover el culo del asiento. Luego ya lo moví. El culo es el mejor detector de pelis buenas o malas. Si yo fuera crítico de cine, diría que pienso y hago las crónicas con el culo. Pero no lo soy, así que no lo digo. Al cabo de una hora y media… bueno, diré que tengo una próstata notable. En estas salas múltiples no tengo muy claro ―ya sé: si fuera más al cine, lo tendría― si se puede salir fuera ―a la zona común― y volver a entrar, a la mía o a otra peli. Salí, porque lo primero es lo primero, a riesgo de perderme el final. ¡Qué tonto! Solo llevaba una hora y media.

El que estaba a mi lado no movía el culo ni después de volver, pero movía la cabeza afirmativamente con relativa frecuencia. Cada uno se manifiesta como quiere. Los otros hacían flexiones y extensiones de brazo siempre con la misma trayectoria: de la boca al culo del cubo de palomitas. Creo que ahora se va al cine a comer palomitas con gente que mira una peli a un volumen infinitamente más alto de lo que te dejan poner en casa. Los vecinos, digo. Pero, a lo que iba antes, es a que no movían mucho el culo. Podría ser que el modo de mover el brazo, sea algún síntoma de aceptación o rechazo, pero hasta ahí no llego.

Tres o cuatro filas más atrás, a alguien le sonó el móvil, pero antes de dos minutos logró silenciarlo.

En la fila delante de la nuestra no había nadie. Sentí la tentación de poner los pies en el respaldo. Hace treinta años ―ya saben, cuando no se comían palomitas―, lo hubiera hecho, porque ya no sabía cómo poner el culo.

Otro señor fue a mear, y no volvió. Estuve atento hasta casi el final de los títulos de crédito. Seguramente se equivocó de sala, porque ¿qué otro motivo tendría para huir así? ¿que no le gustaban las pelis de la guerra civil?

La peli acabo, por fin.

“Peliculón”.

«Eing??»

“Buenisima”.

«Eing??»

“Me ha encantado”

«Eing?»

Bueno, el de los “Eing” soy yo. O sea, no yo, el autor, sino yo, el narrador. Este último ya me lo esperaba. Era el que movía la cabeza.

“Pues a mí me ha sobrado una hora”. Esto era un problema más de continente, (poco importante), que de contenido (más importante). Cuando yo trabajaba en seguros era al revés, pero las cosas cambian.

Resultó que todos estaban interesadísimos en temas históricos recientes, que todos habían tenido familia republicana que murió o padeció en la guerra, y que todos conocían casos de homosexualidad reprimida durante aquella época.

Supongo que ya sabéis que hay temas que, por el simple hecho de abordarlos, garantizan la calidad del producto.

A mí, a excepción de un giro que hay al final, no demasiado importante en la trama, y el poco rato que sale la actriz que representa a la tonadillera, lo demás me pareció más bien estándar. Pero en medio de tanto entusiasmo, y ante el riesgo de parecer poco republicano o poco homófilo, temas que me interesan efectivamente poco, mi veredicto fue:

―Es muy larga.

 

 




jueves, 8 de octubre de 2026

EL COFRE DE LA ALIANZA

 Este mes LÍDIA CASTRO NAVAS nos convoca desde su blog con el tradicional ESCRIBIR JUGANDO. a saber, cien palabras, con cara y ojos, referenciando dos imágenes y una tercera opcional.

Estas son las imágenes:

 

AQUÍ podréis encontrar el resto de micros

 

Solo faltaba un último giro, según el plano que le dio el viejo. Después, el túnel se convertía en una enorme sala. Había un cofre raro. Tenía dos varales laterales para transportarlo, y la tapa soportaba dos querubines con sus alas enfrentadas. Sacó las llaves que también le habían dado, pero el cofre raro no tenía cerradura.

Levantó la tapa y la luz estelar que emergió le golpeo, lanzándolo contra la pared. La radiación no tuvo trabajo porque del impacto se abrió la cabeza.

En el exterior de la pirámide el viejo reía por lo bajini.

 

sábado, 19 de septiembre de 2026

LOS LUNES, A LA LUNA

Tras unas pequeñas vacaciones blogueras, vamos a retomar. Y para ello, empezaremos con el micro de EL TINTERO DE ORO. Este mes nos convoca MERCHE con el tema de los días de la semana; bueno EL día de la semana que elijamos. yo he escogido el lunes, pero no el odiado lunes; un lunes astronómico.


 Podéis encontrar el resto de efemérides AQUI

 

A Wolfang (Del indoeuropeo wolf: lobo y ang: ansia) su propia etimología lo definía. Salía las noches anteriores a la luna llena, buscaba su víctima y estudiaba sus rutinas. No quería improvisar. Pero aquel día, la segunda parte de su nombre tomó el mando:

―¿Qué haces? ―inquirió ciertamente molesta la chica.

―Soy un hombre-lobo y te voy a devorar.

―Pero ¿tú eres tonto o qué mierda te pasa? ¿Dónde está el pelo? ¿Y las fauces? Mira la luna, imbécil. Luna llena es mañana martes. Además, yo también soy licántropa. Así que ¿qué? ¿También eres caníbal?

A Wolfang le había traicionado la impaciencia, y ahora se le amontonaban las circunstancias imprevistas. Entre los lobos no hay mucha diferencia entre gula y lujuria, así que…

Licania no puso muchos impedimentos, y además quedó embarazada. Los licántropos no copulan entre ellos porque son híbridos, y por tanto estériles. Se habían confabulado tantas circunstancias…

Siendo lunes, día de la luna, y dos licántropos los copulantes, resultó que la descendencia también lo fue. Y no solo eso, también cambió su condición: Ya no se transformaba solo con luna llena, se transformaba todos los lunes.

Dado lo extraordinario de la situación, Wolfang se divorció de su esposa estrictamente humana y se juntó con Licania. Ambos idearon un plan para cuando al adolescente-lobo, le apremiaran las hormonas. Había que buscar una joven vampira para él. Así, su descendencia, no solo saldría los lunes, sino todas las noches. Ocasionalmente hay que dar un empujoncito a la perezosa Evolución.

 


 

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