Esta semana se estrena como anfitriona juevera SYLVIA desde su blog PALABRAS AL ABISMO que nos convoca a un reto con inicio definido, a elegir entre 5 novelas famosas. Yo he elegido otra con inicio (EN CURSIVA) famoso tanto como la novela, aunque quizás me haya cortado las alas con un inicio tan restrictivo. La novela es "El Túnel", de Ernesto Sábato.
AVISO que el relatito es particularmente DESAGRADABLE

Podéis encontrar el resto de inicios AQUI
Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona, así que voy a hablarles de ella, en adelante, “la estéril”.
Este, que terminó siendo su principal atributo, quedó en un principio obnubilado por su belleza, su ternura y su bondad, todas ellas cualidades que el paso del tiempo devora ineludiblemente. Y cuando todas las plantas caducas desaparecen del paisaje al llegar el invierno, el horizonte lo definen las perennes.
Por supuesto que no fui advertido de este oculto defecto que la adornaba. Mi padre me inculcó desde chico la necesidad incuestionable del hombre de perpetuarse. Yo ya era famoso cuando conocí a la estéril, pero entendí que mi obra era un legado insuficiente. Y plantearse si bastaba con la estirpe, o debía apuntar más alto y perpetuar el apellido, deviene en un dilema hueco cuando no hay descendencia.
Obviamente visitamos infinidad de clínicas de fertilidad. Una sarta de charlatanes sacacuartos, inútiles pagados de sí mismos, que se creen que porqué han estudiado cinco años, poseen la verdad; ni en treinta que estudiaran. A medida que íbamos visitando clínicas tardaba cada vez menos en calarlos. Algunos se atrevieron a insinuar que la culpa ―no decían la culpa, sino algún eufemismo― era mía, y que debería yo también someterme a pruebas; este era el momento en que se suspendían la visita, los tratamientos y la relación con la clínica.
Ella apuntó la posibilidad de la adopción. Aquí empecé a sospechar que la esterilidad no era su único defecto. Parece lógico que una mujer debería entender mejor el concepto de la descendencia y la estirpe, que un hombre. No me alargaré en este concepto, por su obviedad.
Recogí información sobre la posibilidad de apoyarnos en la nutrición, así que la alimenté exclusivamente con huevos y leche. Incluso conseguí leche humana, visto que la de vaca no daba resultados. Yo me sacrifiqué y me obligue a comer con frecuencia criadillas, a pesar de esa textura que tienen. Nada de todo ello dio resultado.
Como la estéril se acercaba a los cuarenta y por aquel entonces no existía el divorcio, no tuve más remedio que prescindir de ella si quería tener descendencia. Enfocado como una inversión no resulta tan dramático. Cambiar una vida que ya ha consumido sus mejores años por una, o varias, vidas nuevas. Este triaje es habitual en épocas , por ejemplo, de guerra.
El problema llegó con la policía, que insospechadamente descubrió el asesinato. Parece increíble que semejante sarta de inútiles, que rivalizaban en estupidez con los de las clínicas fertilizantes, fuera capaz de desentrañar la trama. De hecho, las dos veces anteriores no lo hicieron, por eso quizás me confié un poco. Pero, bueno, como suelen decir, hasta un reloj parado marca bien la hora dos veces cada día.
Hay que saber elegir bien las mujeres, de ello depende pues la felicidad de la vida.
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