martes, 28 de abril de 2026

EL EGOCÉNTRICO

Esta semana se estrena como anfitriona juevera SYLVIA desde su blog PALABRAS AL ABISMO que nos convoca a un reto con inicio definido, a elegir entre 5 novelas famosas. Yo he elegido otra con inicio (EN CURSIVA) famoso tanto como la novela, aunque quizás me haya cortado las alas con un inicio tan restrictivo. La novela es "El Túnel", de Ernesto Sábato.

AVISO que el relatito es particularmente DESAGRADABLE 

Podéis encontrar el resto de inicios AQUI

 

Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona, así que voy a hablarles de ella, en adelante, “la estéril”.  

Este, que terminó siendo su principal atributo, quedó en un principio obnubilado por su belleza, su ternura y su bondad, todas ellas cualidades que el paso del tiempo devora ineludiblemente. Y cuando todas las plantas caducas desaparecen del paisaje al llegar el invierno, el horizonte lo definen las perennes.

Por supuesto que no fui advertido de este oculto defecto que la adornaba. Mi padre me inculcó desde chico la necesidad incuestionable del hombre de perpetuarse. Yo ya era famoso cuando conocí a la estéril, pero entendí que mi obra era un legado insuficiente. Y plantearse si bastaba con la estirpe, o debía apuntar más alto y perpetuar el apellido, deviene en un dilema hueco cuando no hay descendencia.

Obviamente visitamos infinidad de clínicas de fertilidad. Una sarta de charlatanes sacacuartos, inútiles pagados de sí mismos, que se creen que porqué han estudiado cinco años, poseen la verdad; ni en treinta que estudiaran. A medida que íbamos visitando clínicas tardaba cada vez menos en calarlos. Algunos se atrevieron a insinuar que la culpa ―no decían la culpa, sino algún eufemismo― era mía, y que debería yo también someterme a pruebas; este era el momento en que se suspendían la visita, los tratamientos y la relación con la clínica.

Ella apuntó la posibilidad de la adopción. Aquí empecé a sospechar que la esterilidad no era su único defecto. Parece lógico que una mujer debería entender mejor el concepto de la descendencia y la estirpe, que un hombre. No me alargaré en este concepto, por su obviedad.

Recogí información sobre la posibilidad de apoyarnos en la nutrición, así que la alimenté exclusivamente con huevos y leche. Incluso conseguí leche humana, visto que la de vaca no daba resultados. Yo me sacrifiqué y me obligué a comer con frecuencia criadillas, a pesar de esa textura que tienen. Nada de todo ello dio resultado.

Como la estéril se acercaba a los cuarenta y por aquel entonces no existía el divorcio, no tuve más remedio que prescindir de ella si quería tener descendencia. Enfocado como una inversión no resulta tan dramático. Cambiar una vida que ya ha consumido sus mejores años por una, o varias, vidas nuevas. Este triaje es habitual en épocas , por ejemplo, de guerra.

El problema llegó con la policía, que insospechadamente descubrió el asesinato. Parece increíble que semejante sarta de inútiles, que rivalizaban en estupidez con los de las clínicas fertilizantes, fuera capaz de desentrañar la trama. De hecho, las dos veces anteriores no lo hicieron, por eso quizás me confié un poco. Pero, bueno, como suelen decir, hasta un reloj parado marca bien la hora dos veces cada día.

 

sábado, 11 de abril de 2026

A CORRER

 Este mes LIDIA CASTRO NAVAS, nos proponed desde ESCRIBIR JUGANDO, su habitual reto de micro de cien palabras, en cuyo contenido deben aparecer tres elementos. A saber: un laberinto, unas zapatillas aladas, y unas pinturas rupestres.

Podéis encontrar el resto de micros AQUI

El grupo arqueológico había recorrido un kilómetro por aquel laberinto de cuevas sin descubrir ninguna otra pintura más, cuando vieron una grieta. Heuresis y sus cuarenta kilos eran la única posibilidad. Tras avanzar cuatrocientos metros por aquel desvío, descubrió un ensanchamiento.

Había una pintura larguísima. La examinó detenidamente. Llamó su atención un cazador más pequeño que el resto que calzaba algo. Al final de la pintura vio una luz. Avanzó hacia la salida y justo allí encontró unas pequeñas deportivas aladas. Se las calzó y eran de su talla. Salió y un bisonte le pasó rozando a toda velocidad.


sábado, 4 de abril de 2026

AL QUE NACE PA MARTILLO...

 Este mes EL TINTERO DE ORO nos invita a hablar sobre el destino, apoyándose en "Cien años de soledad". No se trata de imitar a García Márquez (por suerte). Solo de hablar del destino que tan presente está en esa obra. Yo ya lo reflejo en el titulo, que es un refrán sobre ese tema (bueno, medio refrán, el lector ya lo acaba), y además resume la historia del protagonista.

 

 AQUÍ podéis encontrar el resto de destinos.

 

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, vivía…

¡Meee! (Rayita ondulada roja debajo de “vivía”). ¿Qué pasa ahora? Lleva tilde, está bien puesta, sin mayúscula… Ah, ya… no es cosa del corrector; es cosa de la I.A., que ya me conoce y sabe lo que voy a escribir. Y como siempre, tiene razón… Jamerio no vivía. Era un objeto. Mejor volvemos a empezar…

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana, existía Jamerio, que no era una persona sino un objeto. Más bien, un invento fracasado. Ya imaginaréis que, tal y como su propio nombre indica, Jamerio era un martillo, aunque en aquella galaxia esta palabra no existía porque no existía el objeto. Jamerio era un martillo capaz de clavar clavos de un solo golpe. ¿Y por qué era un invento fracasado?, os preguntaréis. Pues porque hacían falta dos personas para clavar un clavo.

Ahora me estoy adelantando. Se me olvidaba comentar que…

En este planeta tan lejano, las personas eran mancas. Obviamente esta palabra tampoco existía; en este caso, porque todas las personas lo eran. Todos vivían en pareja. Más que para usar un martillo, para atarse los cordones, mecanografiar, y cosas así. En el resto de su anatomía eran iguales que los humanos. Dos ojos, quince dedos ―o sea, cinco por extremidad―, sangre roja compuesta por plasma, plaquetas, hematíes, leucocitos y darvinitos ―en este planeta ya los habían descubierto―. Los darvinitos, son unas células sanguíneas…

Me estoy yendo por los cerros de… Y además estoy metiendo muchos personajes.

A Jamerio le habían inculcado desde su concepción que estaba llamado a ser un gran invento a nivel global, pero el tema este de que la gente fuera manca ―en adelante “monobraquios”―, y sobre todo la existencia previa de grapadoras neumáticas, eléctricas y de batería estaba dificultando su ascenso al trono de las herramientas. Le costó muchos años de espera en el museo de objetos inútiles. Esto de “inútiles” le dolía especialmente porque él estaba destinado a ser uno de los inventos más importantes de la Historia con mayúscula.

Durante todos estos años, los darvinitos iban haciendo de las suyas. Aunque es dudoso que fuera por la necesidad de clavar un clavo sin compañía, hay opiniones para todo. Estas células sanguíneas son, como su propio nombre indica, las responsables de las mutaciones genéticas. También, como su propio nombre indica, aumentan en cantidad y en actividad con la ingesta de vino.

Se desconoce cuál fue el origen del aumento de su consumo, aunque se sospecha que se debió a varios años de sobreproducción de uvas. Lo cierto es que las mutaciones se multiplicaban entre la población. La trioftalmia fue una de las más comunes, pero los cerebros acababan por colapsar al no tener capacidad para procesar imágenes tridimensionales. A la tripedia le pasaba más o menos lo mismo. En cambio, la dibraquia, en su primera aparición, ya triunfó. En unas cuantas generaciones el dibraquismo se extendió por todo el mundo. La gente, con eso de la mayor ingesta de vino, también se volvió mucho más “sexualmente activa”, y como suele decirse, una mano lava a la otra. Bueno, esta expresión, allí, tampoco existía.

El caso es que poco a poco, la dibraquia comenzó a ser la característica dominante. Las discusiones entre los genetistas sobre si había un cambio de especie, o de si simplemente se trataba de una mejora genética, comenzaron a inundar los informativos.

Por aquel entonces un dibraquio, de profesión carpintero, visitó el museo  de objetos inútiles y se enamoró de Jamerio. En cuanto llegó a su taller, copió el diseño sin mucha dificultad. Tal como la especie evolucionaba, sus preferencias iban cambiando, de usar grapadoras a usar martillos. Es una evolución lógica. No nos vamos a engañar; no libera las mismas endorfinas apretar el botón de una grapadora, que meter un clavo entero, no importa la longitud, de un solo golpe; además el martillo se desgasta mucho menos.

Piénsenlo. Visualicen. Cierren los ojos. Meter un clavo de un palmo de un solo golpe. Mmmm… Bueno, no se me distraigan.

Poco tiempo después, un descendiente del inventor original de Jamerio, de profesión inventor, por supuesto, ideó un mecanismo que acoplado a los últimos modelos de jamerio ―en aquel planeta nunca llegó a existir la palabra martillo― dejaba caer del cielo ―o sea, desde lo alto del operario que lo usaba― los clavos, que iban a presentarse, mínimamente hundidos, en el lugar donde debían ser clavados. De este modo el operario solo debía liberar el brazo… y las endorfinas

Visualicen.

Este invento fue otra revolución mundial; incluso a nivel genético. Permitía a los monobraquios que aún quedaban, usar los jamerios con la misma eficacia que los dibraquios.

Y aquí empezó el declive de la dibraquia.

 

 

 

jueves, 26 de marzo de 2026

AVENTURA INCIERTA

 

 Esta semana nos convoca NEOGEMINIS a relatar basándonos en una imagen y dos palabras que ya vienen incorporadas en la foto.


Yo he escogido esta:

Podéis encontrar el resto de textos AQUI

Pichuela y Paza estaban en su sitio; su lugar; el que les correspondía. Pero al menos una tenía culo de mal asiento. No es que estuviera desequilibrada. Bueno, sí. O sea no. Quiero decir que no estaba desequilibrada en el sentido de que su contenido se vertía por un lado cuando la rellenabas hasta el borde. Pero sí que estaba desequilibrada en el sentido…

―Paza, ¿has visto la mesa de al lado? Están celebrando un cumpleaños. Tienen ya puesto el pastel y van a brindar en pocos minutos. ¿Tú has probado alguna vez el champán?

―No.

―¿Que te parece si saltamos?

―Estas desequilibrada. ¿Cómo vamos a saltar a otra mesa?

―Tienes miedo, cagona. Saca tus patas. A ver qué pie calzas.

―Que no saco nada. Me da vergüenza que me vean los pies.

Tres minutos después…

―Bueno, la verdad es que los tienes más canijos que los míos y un poco atrofiados, pero yo te cojo de la mano y veras qué aterrizaje.

Ambas sacaron las manitas, y se cogieron. Pichuela echó a correr y Paza la siguió cómo pudo. Saltaron y el vuelo acabó en distintos destinos. Las manitas eran débiles. Pichuela acabó en la mesa de al lado pero Paza acabó hecha añicos en el suelo.

―¡No me jodas! ―comentó la sobreviviente asomándose al borde de la mesa―. Con razón se daba esos aires…

Pichuela se coló entre las otras copas justo antes de que un humano comenzara a llenarlas desde lo alto.

―¡Un brindis por la cumpleañera!

Chin, chin, chin, chaf…

―¡Hostias! Esta es de plástico. Pues da el pego, ¿eh? Es supertransparente para ser de plástico.

―Déjala en la otra mesa y coge una de las buenas.

Pichuela, de vuelta en su mesa original, se volvió a asomar al precipicio con tristeza.



sábado, 14 de marzo de 2026

TELEMARKETING

 Este mes Rebeca, desde su blog LaLocaQueCazabaNubes nos invita a escribir sobre un tema nada de moda. Bueno , un poco de moda ahora que se acerca la Semana Santa. O sea, ya supondréis que se trata de la Religión y sus adyacentes. Pero sus adyacentes (las palabras), no pueden salir en el texto. En concreto: Fe, Religión y Creyente. 

Podéis encontrar el resto de participaciones AQUI

 

―Ave María Purísima.

―Sin pecado concebida.

―Padre, confieso que he pecado.

―¿Cuánto hace desde tu última confesión? ―El pecador sacó su móvil y empezó a pasar páginas hacia atrás―. Debes tener mucho que confesar. ―Pero el pecador no se dio por aludido y continuó; hasta que las páginas se acabaron.

―Es que hace seis años me tuve que cambiar de móvil, así que no sabría decirle.

―Bueno, da igual. Empieza. ―Y se arrellanó en el asiento del confesionario dispuesto a pasar un largo rato de escucha.

―Ayer maté a un hombre ―El arrellanamiento duró poco. El cura dio un brinco. Era su primera vez. No tenía idea de si podía perdonar ese tipo de pecados.

―¡¿Cómo?!

―De un portazo.

―¡Me refiero a que cómo ocurrió!

―De un portazo. ―El pecador se mostraba sorprendentemente tranquilo, mientras que el cura, paradójicamente, no.

―Me refiero a que cómo pudo llegar a pasar eso.

―Es que hace meses que los protestantes venían llamándome cada día, hasta que finalmente les bloqueé. Pero entonces ellos, ni cortos ni perezosos, se presentaron en casa, pero yo…

―Pero ¿de qué protestantes me estás hablando?

―Pues de los protestantes. Nosotros somos los católicos y ellos los protestantes ¿no?

―Ya, sí, continúa… ―concedió el cura ciertamente perplejo.

―Yo le dije que era fiel al catolicismo… ―«Así que hacen telemarketing… e incluso puerta fría… Seguro que por eso perdemos tantos fieles…», pensaba mientras el párroco― …y entonces pretendió entrar pero yo le di un portazo en toda la cara. Y entonces cayó muerto.

―¿Muerto? ¿De un portazo? ¿Seguro que estaba muerto?

―Bueno, me asomé a la calle para ver si alguien había visto algo, y como no, le cogí del pie y lo metí pa dentro. Le eché un vaso de agua por la cara, y empezó a decir cosas sin sentido, y ¿qué quiere que le diga? Para que se quede lelo o en coma, y su familia, me demande y todo eso, mejor lo remato, pensé. Yo creo que aún le hice un favor, pero por si acaso…

―Pero ¿cómo que mejor lo remato?

―Bueno eso da igual. Lo que está hecho, está hecho. ¿Qué penitencia me pone? ―Esto descolocó completamente al cura, que tras pensarlo un poco sentenció, no demasiado convencido de si obraba bien:

―Debes vender todas tus posesiones y entregar la mitad a la familia del finado y la mitad a Cáritas o alguna otra organización de ayuda humanitaria. Y debes retirarte a vivir como un anacoreta en una cueva, sin contacto con la civilización, durante diez años.

―¿Diez años?

―Es un pecado mortal ―se justificó.

―¡Uno!

―Uno ¿qué?

―Un año.

―Que esto es una penitencia. No es negociable. ―El pecador se lo pensó un poco antes de sentenciar:

―Pues me parece que al final me voy a pasar a los protestantes, a ver si son menos exigentes ―concluyó mientras se genuerectaba, se daba la vuelta y comenzaba a desfilar.

―No olvides decirles que la víctima era protestante ―le recordó el cura cuando ya casi no le oía. «Ahora tendré que confesarme yo también. Seguro que hemos perdido un fiel por mi culpa», pensó.

 


Y aquí el banner de LECTOR CERO



martes, 10 de febrero de 2026

EN LA COLONIA PENITENCIARIA

Este mes la obra homenajeada es "Las vidas de los mas excelentes artistas" de Giorgio Vasari. Y como es un libro de biografías, EL TINTERO DE ORO nos reta a escribir sobre un personaje histórico conocido. Yo he elegido un quinteto de los cuales unos son mas conocidos que otros, pero alguno seguro que conocéis.Debo acalara que aunque los personajes, su situación y el lugar son reales, los hechos don completamente ficticios

 

Podéis encontrar el resto de famosos involucrados AQUI 


En la colonia penitenciaria de Corcoran solo había cinco individuos que no tenían el descaro de declararse abierta e impúdicamente inocentes de los hechos que les habían llevado hasta allí: Charly, Ed, Rodney, Juan y Sirhan (esto no sé si era el nombre o el apellido, pero tanto da). Los demás, bueno, los demás eran los demás.

Charly era el líder, pero los otros cuatro no eran sus seguidores; no eran su “familia”, al menos no en el sentido que él entendía la “familia”. A menudo se subía en mitad de la comida sobre una de las mesas y comenzaba a predicar a voz en grito sobre lo que se la pasara por la cabeza. Los “demás” le escuchaban; incluso le aplaudían, pero los otros cuatro más bien le ignoraban por no ser “digno”.

―¡Manson! ¡A aislamiento! Venga baja de la mesa.

Y Charly, resistiéndose al principio para dar un poco de espectáculo a su público, finalmente se dejaba apresar. Ed, que seguía sentado a la mesa, miró por encima del hombro a Charly cuando paso por su lado:

―A ver si en aislamiento matas a alguien y pasas a entrar en la élite; aunque sea a ti mismo ―deslizó con su voz templada. Ed era Edmund Kemper. Doscientos kilos de peso repartidos en todo lo alto de doscientos centímetros de sicópata. A kilo por centímetro. “El asesino de las colegialas”. No era el más prolífico pero sí el más digno de estudio de los cinco. Rodney le rió la gracia, pero Juan no. No porque no le hiciera gracia, sino porque Juan no se reía independientemente de las circunstancias. Juan era Juan Corona, “el asesino de los peones agrícolas”, un esquizofrénico de manual, y como comento, no se reía; solo mataba; principalmente lo que su título reflejaba. Sirhan tampoco le rió la gracia, pero bueno, Sirhan no era “serial”; sí, había matado a uno, y uno gordo, pero al fin y al cabo, solo uno.

Aunque Charly se enorgullecía al principio de que en los asesinatos del “Helter Skelter” no había tenido que mancharse las manos de sangre, sino que había conseguido, gracias a su poder de persuasión, que el trabajo sucio lo hiciera su “familia”, una vez en la cárcel, aquello suponía una falta de categoría que lo mortificaba. Y lo que no soportaba eran las burlas, sobre todo de Ed y Rodney. Rodney era Rodney Alcalá ―antes he olvidado presentarlo―, “el asesino del Dating Game”; otro sicópata más parecido a Ed Kemper que a cualquiera de los otros tres. Se presentó a un programa de citas de televisión después de haber matado ya a unas cuantas mujeres, para ser popular y que le resultara más fácil conseguir víctimas.

Charly escogió a Juan para su plan maestro. Debería trabajárselo a fondo y le costaría unas cuantas sesiones de su adoctrinamiento especial; aquí los recursos no eran los mismos con los que adoctrinó a su “familia”, y además Juan era muy retraído y esquivo.

Con la ayuda de algunos de los otros reclusos, Charly consiguió que en una de las comidas Ed, Rodney y Sirhan se sentaran juntos a la mesa. Él se sentó al lado de Juan y le susurró las palabras en el tono preciso de convicción especial que fueron el detonante de lo que vendría a continuación. No puedo transcribirlas aquí literalmente, puesto que el lector se vería impelido a imitar a Juan en el momento de leerlas.

Charly montó otro pollo de las suyos provocando una maniobra de distracción que permitió a Juan colocarse inadvertidamente detrás de Ed, que estaba sentado en uno de los extremos de la mesa. Sacó el pincho que le acababa de dar Charly y se lo clavó en la nuca, a modo de descabello. Ed ni se enteró.

Los que sí que se enteraron fueron sus compañeros, cuando el cuerpo de Ed cayó a plomo sobre la mesa, y a modo de palanca, la volcó entera. A Rodney no pudo apuntarle tanto y le clavó el pincho en el cuello cinco o seis veces en un solo segundo. La sangre lo inundó todo. Sirhan vio lo que se le venía encima, y apenas se resistió. Charly no tenía especial ojeriza a Sirhan, pero después de él, era el más famoso de Corcoran, porque había matado al otro Kennedy y eso, de modo que ahora no habría dudas sobre el liderazgo de la prisión, sobre todo después de que Juan se degollara, según le había aleccionado Charly que debía hacer, cuando hubiera despachado a los otros tres.

El único cabo suelto que quedaba era que Charly seguía sin haber matado a nadie después de toda la operación. Pero bueno, ahora no había nadie que le hiciera sombra. Cuando entrara otro “serial”, bueno entonces ya se vería…

 

 

 

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