viernes, 19 de septiembre de 2025

EL ÚLTIMO DÍA

 Esta semana, nuestras amigas de ARTESANOS DE LA PALABRA nos convocan a un reto en el que reflejemos una escapada de fin de semana muy diferente. Esto que he escrito no sé si fue un fin de semana, pero sí una escapada- Así que, sin su permiso, he transgredido un poco el tema, pero me pareció que las circunstancias mandaban.

 

AQUI podéis leer el resto de escapadas 

 

 

            Queridos amigos:

            No sé si es común escribir este tipo de cartas, la verdad es que yo nunca he leído ninguna de este tipo. De hecho antes pensaba que era físicamente imposible, pero como veo que no, pues ahí voy. Tampoco sé cómo difundirla así que probablemente no la lea nadie

            El último día me pelee con mi antigua novia. O sea mi antiguanovia, ya que no es una persona calificada sino… bueno esto da igual. Fue una pelea gorda, así que, para irme lo más lejos posible, en lugar del jeep cogí la avioneta. Tomé tierra en lo alto de una colina. Involuntariamente, debo decir. Pero para hacerlo en estas circunstancias debo decir que no pude escoger un sitio mejor. Se domina toda la sabana, hasta donde la vista alcanza. En la totalidad de los 360 grados. Ya que aterricé, también me enterraron. Una decisión que tomó con buen criterio mi antiguanovia, Meryl.

            Lo que peor me sabe es que la última vez que la vi fuera en tan desafortunadas circunstancias, pero no vale de nada lamentarse de lo inevitable.

            Aquí estoy muy bien en la altura de este paisaje. No es tan alto ni tan escarpado como aquella vez con Paul ―a quien espero encontrarme pronto por aquí―, que como no hay un rio debajo al que saltar, no podrá reírse de mi porque no sé nadar. Me quedo con aquella bajada del gesto que me quedó tan bien, aunque este mal decirlo. Una abreviatura sin palabras de: “No, no sé nadar. ¿Qué pasa?”. ¡Qué tiempos!

            Debería hacer llegar un mensaje a Dustin, del Washington Post. Para mencionarle que la sección de obituarios ya no me parece tan superflua como antes.

            Si alguien se preocupa por mí que no lo haga. Seguro que mi antiguanovia Meryl no lo hace. No es equivoquéis, que no llegué a romper con ella; lo que pasa es que se ve que en mi condición actual no se puede tener novia. Pues eso, que aquí estoy muy bien. Por las tardes viene el león y se echa a descansar cerca de mí, pero nunca sobre. Es muy considerado.

El que no falla ninguna noche es mi amigo masai Kinanjui, que a veces coincide con el león, pero ambos saben que ese no es momento de hostilidades. Le digo que no hace falta que venga todas las noches, pero no me hacía caso en vida, así que ahora… Puede ocurrir que no digamos una palabra en toda la noche ninguno de los dos.

Creo que comentan por ahí que morí en la cama mientras dormía, pero bueno. Podéis creer lo que queráis.

Un abrazooo

 

                        Robert Redford.

 

 

martes, 9 de septiembre de 2025

EL OTRO SUR

 Este inicio de temporada arrancamos EL TINTERO DE ORO con un micro ( 250 palabras). Y en esta ocasion es Merche la que nos convoca con un reto en el que refiramos de agun modo una obra de arte.

Yo he escogido el séptimo, aunque la mayoría ha escogido el tercero, incluso hay un noveno. 

La película es la del cartel a la que he cambiado el final, 

 

Nunca conseguí odiar a papá; ni cuando supe todo. A mamá, en cambio, sí. A tía también. Eran como el resto de personas que conocía. Papá no era así. Papa era como yo. Tenía aquella fuerza…

          Me enseñó a manejar el péndulo. Un día fuimos a buscar agua para unos labriegos. “Les presento a Estrella, la zahorí más joven de España”.  Tras cavar unos días, allí estaba el agua.

Pero no todo era bueno. En realidad casi todo era malo. Papá era del sur; en casa no se hablaba del sur. Nunca.

          Un día papá se fue. Al sur. Allí había otra mujer. Nadie fue a por él. El último año había sido un alma en pena. Una sombra de lo que fue. Su fuerza se había ido al sur un año antes.

          Fuimos a vivir al norte. Mamá se fue muriendo de pena. En eso empezó a parecerse al último papá; quizás por eso deje de odiarla. La cuidé hasta el fin.

+++

Cuando bajé del tren en Sevilla entendí al sur. El lugar y la gente eran diferentes, pero tampoco eran como papá.

―Abuelo, esta señora te busca.

Mi padre estaba cabizbajo en un banco, derrotado. Levantó la cabeza hasta que la boina le dejó ver el anillo con una estrella que me regaló de niña. Solté el péndulo que volteó hasta quedar completamente fijo.

―Si no querías que te encontrara, no debiste enseñarme a usarlo…

―Estrella…

Me senté con él.

―¿Fuiste feliz?

―Es difícil ser feliz.

―Ya.

 

AQUÍ encontrareis el resto de artes

 

martes, 2 de septiembre de 2025

COMO UNA CABRA EN UN GARAJE

Esta semana nos convoca NEOGEMINIS con un tema muy interesante. Todos nos hemos encontrado desubicados en algún momento. El titulo se refiera al ejemplo que se suele mencionar para definir la propia desubicación. Lo que pasa dentro no me ocurrió a mí, ni a nadie que yo conozca; aún.

  

AQUÍ encontraréis otros personajes perdidos.

 

 

          Dániel iba un pelín tarde aquella mañana. Bajó al segundo sótano dispuesto a salir a toda leche en su flamante todoterreno nuevo. Cuando se dirigía hacia él, escuchó unos pasos apresurados; de alguien con tacones, mucho más ruidosos que sus deportivas. Echó un vistazo, sin parar de avanzar, por sobre de todos los vehículos que atiborraban la planta, pero no vio a nadie. Cuando se disponía a franquear la última hilera de coches antes de alcanzar el suyo, una cabra salió por detrás del último. Ni siquiera le miró. Siguió su camino que al parecer terminaba encima del capó del todoterreno de Dániel.

          La sorpresa fue inferior al enfado de ver su nuevo vehículo abollado. La cabra intentó subirse a lo más alto del coche, que estaba a escasos veinte centímetros del techo del aparcamiento. Finalmente desistió, se recostó sobre el capó, y entonces sí que miró a Daniel.

          Pensó en bracear y gritarle para espantarla, pero se dio cuenta de que en aquella situación, la protectora civilización estaba comprometida. Recordó que vio en un documental, que las cabras son los menos domésticos de los animales domésticos. Intentó un acercamiento lento sin tener demasiado claro cuál sería su acción si llegaba a la altura de la puerta del vehículo sin que la cabra se soliviantara. No hizo falta porque la cabra se soliviantó. Se volvió a levantar y repicó con sus tacones sobre el capó. Aquello dolió más que una cornada. Se retiró despacio, y se deslizó entre las hileras de coches hasta alcanzar la rampa.

          Entonces escuchó que otro vehículo subía desde un nivel inferior. Lo paró poniéndose delante:

          ―Por favor, por favor, hay una cabra ahí sobre mi coche y no me deja salir. ―Tras repasar sus palabras pensó que quizás su argumentación resultaba poco verosímil. Entonces puso sus manos junto a sus sienes apuntando con los índices haca el techo. Comprendió que la situación no iba a mejorar. A todo esto, el conductor no bajaba la ventanilla, sin duda atemorizado, y no por la cabra―. Por favor, súbame hasta arriba, que aquí no hay cobertura.

          El conductor bajó finalmente la ventanilla, mientras continuaba hacia los niveles superiores:

          ―Es que llevo bastante prisa, pero tranquilo que cuando llegué arriba, avisaré a la policía.

          “Este cabrón no me inspira la más mínima confianza”, pensó Dániel.

          Subió a pie por la rampa, maniobra que le costó más de lo acostumbrado. Estaba mucho más empinada de lo que recordaba. Incluso tuvo que ayudarse de las manos. Al llegar a la salida de peatones del primer sótano, la puerta se abrió antes de que Dániel pudiera hacerlo, y allí estaba la autoridad perfectamente uniformada. El agente lo miró de arriba abajo antes de hablar:

          ―Está usted… ―Se quitó la gorra descubriendo su par de cuernos― ...fuera de lugar… ―Luego le miró el pecho, y percibiendo la falta de tetas, el boque acusó―: …, Hombre.

 

lunes, 18 de agosto de 2025

TAN, TAN, TAN...

 Esta semana nos convocan Patricia y Rosana desde su blog ARTESANOS DE LA PALABRA, con un reto oloroso. Ese sentido evocador que heredamos de los reptiles.

Se trata de urdir un relato en que el olor ancestral sea protagonista. A mi se me ha ocurrido lo siguiente:


AQUí podréis encontrar el reto de aromas. 


“Tal y como ya se les informó, el trayecto a partir de San Andrés-Arenal deberá realizarse en autocar, por sabotaje en las vías. Con el número de su billete podrán ver en las pantallas qué autocar les corresponde”.

          ¡Joder, qué marrón! Con los años que hace que no me subo a un autocar… Espero que no me toque el autocar D, de devolver… A ver, a ver… numero 350.750… autocar V. Bueno no me ha tocado del D. Ahora en los andenes veremos cómo son los autocares.

          Ah… pues son muy modernos. El D tenía muy buena pinta. R, S, T, U… ¡Hostia puta! Son todos nuevos menos el V. Aquel amarillo crema asqueroso con rayas verde oliva. Como los del colegio. ¡Qué asco! Intentaré no respirar muy… Puaj, que asco. Huele igual que el del cole. Se me ha ido instintivamente la mano al bolsillo, como de crio, pero claro no llevo “bolsa de arrojar”. ¡Qué nombre tan estúpido!

          Pero ahora ya soy un adulto. Y he viajado mucho, aunque es verdad que no en autocar, precisamente porque… ¡Hostia, la V de vomitar! No lo había pensado.

          Es increíble como hay aun autocares de estos, con este repugnante olor a gasoil mal quemado, mezclado con el del eskay recalentado de los asientos marrones, y el calor recirculado que sale por los zócalos dorados que rodean este engendro del pasado.

          Pero esta vez no voy a sucumbir. Un tío de cuarenta años a merced… Uuugh, la segunda arcada. Esta vez me ha subido un poco de ácido. Menos mal que ya llegamos. Me voy a levantar para salir el primero… pero míralo, parece que me haya leído el pensamiento… Y otro más; ahora ni el segundo. El tercero. Ufff, al mover el aire, parece que todos se hubieran sentado de golpe y saliera todo ese olor rancio de los asientos por debajo, y el conductor hubiera dado un acelerón de humo negro, hubiera aumentado la velocidad del ventilador de la calefacción, todo a la vez y al mismo tiempo.

          ¡Ya ha parado! ¿Pero qué hace ese que no baja? ¡Qué tío tan, tan, tan…

          ―¡Venga, hombre, baje ya de una vez ―Por maleducado que parezca no me he podido contener.

          …tan, tan, tan…

          ―Tranquilo, que es un hombre mayor ―Contemporiza el segundo, hasta que―: Uy, ¿Qué es este líquido caliente que me baja por la pantorrilla?

          … tan lento.

          ―Venga, hombre. No se entretenga usted también ahora, que hay más gente esperando para bajar ―le azuzo limpiándome la boca.



martes, 5 de agosto de 2025

SE DIO A LA FUGA

 Esta semana nos convocan Patricia y Rosana desde su blog ARTESANOS DE LA PALABRA y el tema es el Sacudón, que para los que no quieran mirar el diccionario, es una sacudida a lo bestia, una que te hace cambiar para siempre la forma de pensar. Y de actuar. Puede ser un relato de ficción o de otra manera. El mio es de ficción.

AqUI poséis encontrar el resto de sacudones


          ―Pero ¿cómo que se dio a la fuga? ¿Nadie vio nada? Fue en pleno día ―La desesperación del padre iba en aumento. La madre no paraba de llorar, dando gritos ocasionalmente― ¿Dónde está su superior?

          ―No tengo superior, al menos en este edificio. Sí que hay algún testigo. ―Luego bajó el tono y se llevó al padre a un rincón―. Escúcheme; esto no puedo decírselo pero hay dos testigos que indican que el asesino conducía cómo si fuera borracho, pero no vieron la matricula. El modelo del coche es muy común pero haremos lo posible. ―Luego volvieron donde la madre, que seguía llorando, sin haber llegado a percibir la momentánea ausencia de su marido―. Ahora deben ir a la Oficina del Forense a identificar el cadáver.

          El padre se tranquilizó mínimamente y transmitió, casi sin querer, la calma a su esposa. Este poco conocido mecanismo de transferencia emocional sin palabras, ni tan siquiera miradas, se produce en parejas muy veteranas. Su hijo era oriental y había sido adoptado por imposibilidades físicas de los padres cuando ya contaban más de cuarenta cada uno. Al chico le gustaban las motos pero no había tenido mucho tiempo de adquirir destreza, ya que solo hacía un par de meses que sus padres, por fin, le habían comprado la Kawasaki. Aquel engendro solo había hecho que ayudar a matarlo. La cabeza del chaval había quedado entre el asfalto y el engendro cuando el coche del asesino pasó por encima de ambos. Antes de salir de la comisaría el padre creyó reconocer al modelo de un retrato que colgaba en un cuadro en la misma entrada del vestíbulo. Fuera quien fuera debía confundirse pues no conocía ni había conocido a ningún policía. Sintió cierta afinidad con él, quizás por las arrugas que delataban su jubilación; una condición que les igualaba.

          La investigación no progresó y el caso se aletargó en un par de meses. Ahora la desesperación no era rabiosa, sino más bien contenida.

          Una noche que no podía aguantar más en casa salió a tomar una copa a un bar de mala muerte; sin su mujer que se había ido a la cama a no dormir, temprano. Se había tomado dos cuando vio que salía del bar uno que se había tomado cuatro. Le siguió y comprobó cómo se subía al coche y se iba. Él había venido andando. La noche siguiente volvía y comprobó que los humanos somos animales de costumbres. Cuando iba arrancar le picó en la ventanilla. El borracho la bajó. Había visto en un reality de estos de true crime, un caso de un “sérial” que metía a sus víctimas el puñal por la yugular pero en dirección a la garganta, de modo que no podía gritar porque se ahogaba con su propia sangre. Resultó que era cierto.

          Al día siguiente cambió de bar. No quería que establecieran un patrón enseguida. A veces tenía que tomarse cuatro o cinco copas para encontrar una víctima. Se iba a casa en coche porque a veces para despistar se tenía que desplazar kilómetros. Pero se iba con el convencimiento de que si no había ajusticiado al asesino de su hijo, aunque fuera sin saberlo, había salvado una vida; una inocente.

           El Departamento de Policía de Los Ángeles había demostrado su inutilidad no atrapándolo. Él confiaba en seguir mucho tiempo con su nueva actividad autoimpuesta. Al fin y al cabo Colombo ya se había jubilado.


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