miércoles, 29 de enero de 2025

NO ERA PARA TANTO

 Tras un mes o así de ausencia, más por sequía imaginativa que por descanso vacacional, me reincorporo a los jueves, espero que con asiduidad. Este jueves nos convoca Marcos desde su blog MARCOS PLANET, retándonos a montar un texto basado en los debates morales alrededor de encontrarse algo valioso.

Podéis encontrar el resto de décimos de lotería AQUÍ

 

          Bruto paseaba tranquilamente por el parque cuando vio en el suelo lo que parecía un décimo de lotería. Estaba boca abajo y para no agacharse en vano, haciendo honor a su nombre, le dio una patada. Cayó boca arriba y lo recogió sin excusa posible. Era del sorteo de Navidad y había reconocido la imagen. Sacó el móvil y comprobó el número:

          ―¡Hostia! ¡Es el gordo! ―Miró a ambos lados sospechando que se tratara de una broma. No veía a nadie sospechoso. Lo examinó con detenimiento pero no tenía ni idea de cómo distinguir uno verdadero de uno falso. Volvió a echar un vistazo al entorno y esta vez vio a un energúmeno que se dirigía hacia él haciendo aspavientos―. ¡Coño! ¡Está claro que es verdadero!

          Se levantó apresuradamente y echó a correr, pero no era muy rápido, y además César ya venía a mucha velocidad. Sin mediar palabra se enzarzaron en una violenta pelea. Una certera patada en la mano hizo salir volando el décimo y una oportuna ráfaga de viento lo alejó hasta depositarlo a los pies de Rex. Habiendo visto como se peleaban aquellos dos energúmenos que ahora corrían hacia él, dedujo que aquello debía valer la pena. Luego vio cómo el horror desfiguraba la cara de los dos energúmenos. «¡Puajj! Es lo más asqueroso que he comido en mi vida»; eso fue lo que pensó, pero lo que dijo fue: “Guau”.


sábado, 18 de enero de 2025

GERONTOFOBIA

Este mes, el reto de EL TINTERO DE ORO se centra en la vejez, algo que nos toca a todos de lleno o por cercanía. Participo con una republicación levemente retocada ya que no se me ocurría nada nuevo. Además  fuera de concurso porque el limite de palabras es de 250. Este texto, aunque cruel, se centra en los albores de la vejez, así que no es tan dramático.

Podéis conocer al resto de ancianos AQUI

 

          Gerónimo salía de su paseo por el cálido centro comercial, cuando vio una máquina que el día anterior no estaba allí. Leyó todas las indicaciones de las que fue capaz con las lupas de 2 dioptrías, y tras 40 minutos de esforzada lectura, volvió a casa. No pudo esperar al día siguiente. Cogió su bolsa de monedas rojas y las gafas de +3.50, y fue con ellas al encuentro de su nuevo reto tecnológico.

          Vació la bolsa en la cesta receptora y leyó lo que salía en la pantalla: “86€ y 40 cts. menos 8.64€ de comisión, su líquido queda en 77€ Y 76 cts”. La referida cantidad fluyó hasta depositarse en la bandeja dispensadora.

          Gerónimo se fue a casa contentísimo de haber superado su reto tecnológico; uno de cierta dificultad, mucho mayor que la de sacar una tarjeta de metro, Por la noche, mientras no dormía, pensó en el billete de 500€ que tenía guardado y que no le aceptaban en ningún comercio, ni siquiera en el cajero automático del banco, del que ya se había hecho amigo. Lo había guardado como recuerdo, pensando que, por su escasez, algún día tendría un valor superior; pero no, a quien había llegado la escasez era a él, y la costumbre de guardar recuerdos valiosos, había pasado a mejor vida.

          Por la mañana se dirigió al emplazamiento de su nueva amiga con su billete y otro más de 50€ de comisión. Había leído en alguno de los múltiples carteles que adornaban la máquina, que solo entregaba monedas, no billetes. Así que, previsor como era, se acompañó del carro de la compra y una bolsa grande del ikea. Introdujo por la ranura ambos billetes y en la pantalla apareció: ”Introduzca su edad en el teclado”. Como que no le pareció un dato demasiado íntimo, y como que la maquina ya se había tragado el billete, lo hizo: “78”. Despues demandó:”¿Sería tan amable de ponerse de perfil?”. No pudo resistirse a una petición tan educada. Tras el flash informó: “Su operación se está procesando”. En esta ocasión el proceso de la operación fue más largo y ruidoso que el del día anterior, y la pantalla no mostró ningún mensaje matemático. Cuando Gerónimo empezaba a buscar con la mirada algún responsable de aquel artilugio, tras haber repasado todos los carteles de la máquina ­―incluso los que precisaban gafas +3.50―, buscando un número de teléfono ­―tenía un smartphone― para poder hablar con una persona,  cayó una moneda en la bandeja dispensadora.

          La recogió ―ciertamente era más grande que una de 2€, incluso mayor que las de cien pesetas de Franco―, y miró su valor nominativo: “500€”. Luego, náufrago en medio de un mar de perplejidad,  se fijó en la pantalla, esperando nuevas instrucciones. “En caso de que no se vea capaz de manejar la situación, vuelva acompañado de una persona joven”. Ni siquiera ponía “más joven”.

          De vuelta a casa consultó a su nieto, ya que su hijo no tenía tiempo y es probable que no entrara en los márgenes que el artilugio entendía como “joven”. Su nieto cogió la moneda la miró por ambos lados, luego observó detenidamente a la cara a su abuelo y dijo:

          ―Pero, yayo… Tú no eres el Rey.

 

 


viernes, 20 de diciembre de 2024

QUEDAR RETRATADOS

 Esta semana nos convocan las amigas de ARTESANOS DE LA PALABRA con un reto singular. Construir una historia sobre FVNIs (Fotos Voladoras No Identificadas), partiendo de la imagen que nos aportan, que no es otra que esta:

Podéis encontrar el resto de Fotos AQUÍ:

 

          El domingo pasado paseaba por la avenida Meridiana en dirección al barrio de Prosperitat cuando, a la altura del número 524, alguien vociferó desde lo alto:

          ―¡¡A la mierda!!

          Intenté localizar el origen del berrido entre el enjambre de balcones del edificio a mi derecha, y justo cuando vi uno cerrarse, escuché un golpe unos metros sobre mi cabeza, y acto seguido, sin solución de continuidad, un álbum de fotos cayó a unos centímetros de ms pies. Si no me hubiera parado a mirar, me habría acertado en la cabeza.

          «Será cabrón…», pensé. El álbum era de aquellos pequeñitos, de una foto en cada página. Cayó abierto, mostrándome en una de las imágenes una escena típica de boda. Bueno, de banquete de boda. La otra foto de aquella página abierta no estaba, o había volado, o nunca estuvo. El ruido del golpe fue sin duda el impacto del álbum contra el muro junto al que paseaba, justo antes de caer a mis pies. Eso me tranquilizó. Significaba que no lo habían lanzado con la intención de agredirme. O quizás lo había lanzado un jugador de baloncesto inseguro, acostumbrado a lanzar a tablero y no directamente a canasta.

          Volví de nuevo la vista hacia la otra acera para intentar ubicar de nuevo el origen de aquel lanzamiento, cuando vi que todo el mundo que por allí pasaba se había detenido, y me miraban algunos a mí, y otros al muro que se alzaba hasta seis metros a mi lado; lo que empezaron a hacer todos fue aplaudir, en cuanto una chica tomó la iniciativa. Por no desentonar, y como a mí ya me tengo muy visto, miré a lo alto del muro.

          Allí estaba plasmada, impregnada, revelada, una imagen que mostraba a los protagonistas que había visto en la foto que permaneció en el álbum, junto con muchos otros, en la gloriosa conga que no puede faltar en cualquier banquete nupcial que se precie cuando las bebidas espirituosas empiezan a hacer su efecto.

          La imagen, que sin duda saltó del álbum en el impacto, había quedado impresa en aquel enorme muro, haciendo su tamaño honor a su soporte. A saber, unos doce metros de ancho por tres de alto. Alguno de los aplaudientes seguro que pensó que era obra mía. Cuando el público reanudó la marcha, volví a dirigir la mirada hacia el balcón furtivo, y pensé: «¿A la mierda las fotitos? Ahora te vas a jartar…»

          Dejé allí el álbum a modo de segunda oportunidad para el tonto aquel que seguro que no la merecía.

 

Y por si parece poco verosímil, para muestra un botón 



         

 



domingo, 8 de diciembre de 2024

DESDE LA INEXISTENCIA

     Este mes nos convocan desde EL TINTERO DE ORO  en un homenaje a John Le Carré basado en a novela "El jardinero fiel". Hemos de centrarnos en el tema de la corrupción, si puede ser descubierta. Aviso que casi todo lo que sale en este relato es inventado.

Pensé antes de idear la historia que 900 para una historia con trama de corrupción era prácticamente imposible explicarla sin parecer una narración precipitada, pero en cambio me han sobrado 350 palabras, que ya me han dicho desde la dirección tintoreril que no puedo poner a la venta.

AQUI podéis encontrar el resto de corrupciones


        Hace unos meses por fin me instalé una IA en el móvil. Una de pago, porque las gratuitas son poco más o menos como googlear. No para que me escriba relatos, porque así ¿cómo me divierto yo? Entre otras pocas utilidades encontré la de que me los corrija. Comenta el contenido, me alaba lo bueno y me sugiere correcciones a lo malo. Siempre, en el final de su respuesta, me califica de original. Original es una de las cosas que más valoro. Casi nunca corrijo nada, porque lo que ella entiende como positivo, yo lo entiendo como negativo, y viceversa. El humor lo entiende, contrariamente a lo que se sospecha.

          Luego encontré la utilidad de comentar los relatos de los compañeros de los blogs. Borro las correcciones y sugerencias y lo pego como comentario mío. Me sorprendió que también calificaba de originales todos los textos de todos mis compañeros, con lo que bajó el valor de ese calificativo.

          Decidí hacer lo mismo con relatos participantes en concursos, bueno, a los que había acceso, y en cualquier caso a los ganadores, hasta que un día, uno de los relatos que quedó finalista lo calificó, en el lugar donde siempre ponía “original”, de “escrito por chatgpt”. Vaya, que “original” ya no significaba lo que yo creía. Pensaba que en los concursos debían controlar esto. O mi aplicación tenía alguna extensión que no debería tener por 29,90€.

          Se me ocurrió introducir capítulos enteros de novelas consagradas o best sellers de los últimos cuatro años y parece que a la IA se le ha olvidado como se escribe “original”.

FIN

 P.D.

Ayer sábado, mandé este texto al reto del tintero de oro, que este mes trata sobre la corrupción y lo dirige Pepe. Hoy, al encender el móvil, la pantalla me ha saludado con un cordial “Bienvenido a su nuevo galaxy”. Tras varios intentos no he podido avanzar más; se ha formateado todo. Me ha pedido la cuenta de google y la he introducido temiendo no recordar la contraseña pero ni siquiera he llegado a introducirla; lo que me ha respondido es que la cuenta no existe. He probado con otras dos cuentas que tengo y tampoco existen.

He ido corriendo al ordenador y efectivamente mis cuentas han desaparecido. Mi blog también , por supuesto. He entrado como pestaña de incognito en el blog del tintero y he visto que mi texto no había sido incluido en la lista de participantes. Mi comentario incluyendo el enlace a mi blog no aparece por ningún lado. Pero es que los comentarios de respuesta de Pepe a los aportes de los compañeros, salen como anónimos.

He intentado escribir un mail a Pepe para saber si había pasado algo, pero claro, sin cuenta no puedo escribir correos.  

He buscado un ordenador viejo en el que tengo una cuenta antigua que ya no uso hace mucho, pero al poner el correo de Pepe me dice que tampoco existe. Intento dejar un comentario en su blog, pero ni existe el blog, ni ninguna de sus cuatro esquinas.

Mañana, desde el ordenador del trabajo intentaré volver a… Bueno creo que tendré que crear otro blog, pero aun así... No sé hasta dónde llegarán los tentáculos de la … Bueno, no sé quién o qué puede estar haciendo esto.

Veremos si puedo participar este mes en el reto, y eso que me estoy leyendo el libro.

Ah, que aunque sea desde otro blog, recordad que soy el antiguo Gabiliante.

jueves, 5 de diciembre de 2024

EL SPIN-OFF

Esta semana nos convoca Marcos desde su blog MARCOS PLANET, y nos reta con un tema nada escatológico. ¿Que pasa entre dos humanos condenados a convivir en una isla desierta? 

 

Podéis encontrar el resto de Náufragos AQUI 

 

          El vuelo 815 de Oceanic Airlines sufrió un spin-off justo antes de estrellarse en la isla que todos conocen. El fuselaje se partió en varios trozos en pleno vuelo y uno de ellos fue a caer en una isla diferente de aquel extraño archipiélago. Era un avión hidrófobo, aunque no rabioso, por lo que todos sus trozos cayeron en tierra y ninguno en el agua, a causa de un extraño efecto magnético.  

          En el referido trozo viajaban los pasajeros 49 y 50, aunque ellos no lo sabían, así que uno de ellos decidió que deberían llamarse…

          ―Yo número uno y tú numero dos

          ―¿Y por qué yo el dos?

          ―Porque a mí se me ha ocurrido la idea.

          ―¿Y porque no nos llamamos como siempre? ¿Tu cómo te llamas?

          ―Ni de coña te lo digo.

          ―Yo me llamo Travis. ¿Y tú?

          ―Número uno. Olvídate de todo lo que conocías hasta ahora. Ahora somos libres. ―Y empezó a desnudarse―. Aquí hace calor y lo hará todo el año. La ropa nos servirá para hacer una hoguera por la noche. Toda la civilización, educación y convencionalismos, aquí nos sobran. Tienes cara de imbécil, pero eso no significa que no podamos ser amigos y convivir en cordialidad y ayudarnos en las dificultades. Quítate esa ropa, no seas ridículo.

          ―Es que estoy más cómodo así.

          ―Pero ¿qué dices? No tienes por qué mentir. Aquí sobra la mentira. Yo ya te he dicho que eres imbécil y no ha pasado nada.

          ―Ya, pero no es mentira; estoy más cómodo así.

          Los días pasaron y una cierta rutina se estableció, casi siempre siguiendo las directrices de Numero Uno.

          ―Podríamos hacer arcos y flechas para cazar algo de carne, aunque sean pájaros; son muy confiados, sería fácil cazarlos ―propuso Numero Dos.

          ―¿Para qué? Esta todo atiborrado de fruta comestible y los peces de la laguna parecen volverse locos por meterse en esa malla que encontramos en el avión, cuando la extendemos en el agua. ¿Para qué esforzarse?

          ―Es que a mí me gusta la carne. Odio el pescado. Y solo fruta…

          En ese momento Numero Uno se acuclilló y empezó a evacuar mientras seguía conversando con su interlocutor, que tuvo que parar:

          ―Te aferras estúpidamente a tus antiguas costumbres de la caduca y odiosa civilización. ―La operación estaba siendo de todo menos silenciosa―. Debes desprenderte de ellas. ¿Me acercas esa piedra de ahí? ―inquirió señalando un canto rodado muy liso que había delante de ellos.

          ―Sí, claro ―contestó Numero Dos. Lo cogió y lo encontró ciertamente grande y pesado para el menester para el que había sido escogido, así que, para hacerlo más manejable, decidió partirlo contra la cabeza de Numero Uno. Sorpresivamente, ocurrió justo lo contrario. «Debo estar perdiendo la proporción de las cosas», pensó. Y enseguida se percató de las consecuencias de su acción:

          ―Por fin carne.

          Por fin se había deshecho de sus convencionalismos civilizados.

 





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