Siguiendo la convocatoria de DOROTEA para los
relatos jueveros, esta es mi propuesta.
AQUI podeis leer los textos del resto de participantes
―Y esta tarde no sales. ¿Qué coño, esta tarde? No sales en toda la semana. A las seis y media como mucho te quiero en casa. Con media hora tienes de sobra para llegar del insti a casa.
―Pero mamá. No es justo. Mi novio…
―Ni novio ni leches. Quince años no es edad para…
―Dieciséis.
―Dieciséis leches. Te faltan diez meses para…
―Eso es en España. En Polonia, dice Marek, que uno tiene los años que tiene por cumplir.
―Ni Marek ni leches. Y no quiero verte más con ese tío que te saca diez o doce años. Y estoy hasta el coño, de que mis amigas me vengan cada dos por tres, que te han visto con el tío ese haciendo… brrrr. Me voy a callar...
―Pero yo le quiero…
―Ni quiero ni leches. No tienes ni puta idea de querer. Yo quiero un millón de euros y me jodo. Así que no se hable más. Y como no estés a la hora, te vas a enterar… Cuando tengas tu casa podrás hacer lo que te salga…
―Pues no pienso venir hasta…
―¡Pobre de tí, que no estes aquí a la hora…
―Uuuy, que miedo… ―contestó Ailín en tono burlesco―. Y ¿qué me vas a hacer? ¿A dormir sin cenar?
―Pues no. Mira, te cortaré el wifi.
―Jodeeeeerrr … ―Y se fue a su cuarto escaleras arriba, pisoteando con fuerza cada uno de los escalones. Cuando llegó arriba terminó la discusión―: ¿Quieres guerra? Pues tendrás guerra.
Al día siguiente, cuando Matilde llegó a casa, nada más franquear la puerta, lo primero que hizo fue preguntar a voz en grito a su marido:
―¿Ha venido ya la niña?
―Sííí ―contestó molesto por que lo interrumpieran.
―¿A qué hora?
―Joder, no lo sé. No lo estoy cronometrando. A las seis y media o las siete.
―Ahhh ―contestó aliviada y victoriosa.
―Oye, ya que estas abajo, ves a recoger los huevos, que yo estoy mirando, a ver si puedo terminar de ver la película -ordenó su marido.
Su reciente victoria le ayudó a contener la respuesta y salió al corral trasero . Cogió el cesto y empezó a recorrer los ponederos con menos éxito que otros días. Había aproximadamente una cuarta parte de los huevos que solía haber y el más grande no era mayor que una castaña.
―¡Jacinto, baja! ―gritó.
―Joder, que estoy viendo…
―¡Que bajes, coño! ―gritó más fuerte aun, demostrando la urgencia del tema.
Jacinto dejó la película y se dirigió al corral. Mientras, Matilde lo recorrió repetidamente repasando todo, hasta que vio una píldora blanca en un comedero. Rebuscó y encontró algunas más.
―¿Qué coño es esto? ―se preguntó en voz baja―. ¡Jacintooo! ―gritó por la tardanza. Cuando miró hacia la puerta para ver si su marido aparecía, vio un papel muy largo clavado con una chincheta en ella. Lo arrancó y leyó en voz alta:
―”Ovoplex 150/30 es un medicamento anticonceptivo oral.”―Y siguió para si misma―: La puta que parió a la cría…

