miércoles, 21 de octubre de 2020

UNAS PÍLDORAS EN EL GALLINERO

 

 

 Siguiendo la convocatoria de DOROTEA para los

relatos jueveros, esta es mi propuesta.

AQUI podeis leer los textos del resto de participantes

 

 

            ―Y esta tarde no sales. ¿Qué coño, esta tarde? No sales en toda la semana. A las seis y media como mucho te quiero en casa. Con media hora tienes de sobra para llegar del insti a casa.

            ―Pero mamá. No es justo. Mi novio…

            ―Ni novio ni leches. Quince años no es edad para…

            ―Dieciséis.

            ―Dieciséis leches. Te faltan diez meses para…

            ―Eso es en España. En Polonia, dice Marek, que uno tiene los años que tiene por cumplir.

            ―Ni Marek ni leches. Y no quiero verte más con ese tío que te saca diez o doce años. Y estoy hasta el coño, de que mis amigas me vengan cada dos por tres, que te han visto con el tío ese haciendo… brrrr. Me voy a callar...

            ―Pero yo le quiero…

            ―Ni quiero ni leches. No tienes ni puta idea de querer. Yo quiero un millón de euros y me jodo. Así que no se hable más. Y como no estés a la hora, te vas a enterar… Cuando tengas tu casa podrás hacer lo que te salga…

            ―Pues no pienso venir hasta…

            ―¡Pobre de tí, que no estes aquí a la hora…

            ―Uuuy, que miedo… ―contestó Ailín en tono burlesco―. Y ¿qué me vas a hacer? ¿A dormir sin cenar?

            ―Pues no. Mira, te cortaré el wifi.

            ―Jodeeeeerrr … ―Y se fue a su cuarto escaleras arriba, pisoteando con fuerza cada uno de los escalones. Cuando llegó arriba terminó la discusión―: ¿Quieres guerra? Pues tendrás guerra.

            Al día siguiente, cuando Matilde llegó a casa, nada más franquear la puerta, lo primero que hizo fue preguntar a voz en grito a su marido:

            ―¿Ha venido ya la niña?

            ―Sííí ―contestó molesto por que lo interrumpieran.

            ―¿A qué hora?

            ―Joder, no lo sé. No lo estoy cronometrando. A las seis y media o las siete.

            ―Ahhh ―contestó aliviada y victoriosa.

            ―Oye, ya que estas abajo, ves a recoger los huevos, que yo estoy mirando, a ver si puedo terminar de ver la película -ordenó su marido.

            Su reciente victoria le ayudó a contener la respuesta y salió al corral trasero . Cogió el cesto y empezó a recorrer los ponederos con menos éxito que otros días. Había aproximadamente una cuarta parte de los huevos que solía haber y el más grande no era mayor que una castaña.

            ―¡Jacinto, baja! ―gritó.

            ―Joder, que estoy viendo…

            ―¡Que bajes, coño! ―gritó más fuerte aun, demostrando la urgencia del tema.

            Jacinto dejó la película y se dirigió al corral. Mientras, Matilde lo recorrió repetidamente repasando todo, hasta que vio una píldora blanca en un comedero. Rebuscó y encontró algunas más.

            ―¿Qué coño es esto? ―se preguntó en voz baja―. ¡Jacintooo! ―gritó por la tardanza. Cuando miró hacia la puerta para ver si su marido aparecía, vio un papel muy largo clavado con una chincheta en ella. Lo arrancó y leyó en voz alta:

            ―”Ovoplex 150/30 es un medicamento anticonceptivo oral.”―Y siguió para si misma―: La puta que parió a la cría…

 

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

EL PALANGANA

Texto para la convocatoria juevera de Roxana, en su blog
SOÑANDO UNO DE TUS SUEÑOS, donde podreis disfrutar de todos 
los relatos del resto de compañeros
 
Imagen de la red

            Hace muchos años, Zeus tuvo muchos hijos. Uno de ellos, el menos dotado de poderes de todos ellos, fue Hermes. Era eternamente adolescente, jovial, vivaracho y dicharachero. Todos le reían las gracias ―aunque alguno se las tragara― porque era hijo de Zeus; era bromista, a veces en exceso. Un vivalavirgen. Un palangana.

Como era básicamente cobarde, su padre le concedió el poder de la velocidad en carrera. Pero también le limitó que pudiera volar. Para ello lo dotó de una peculiar vestimenta, consistente en unas sandalias con alerones, y una palangana,  a modo de casco, también con alerones. Aunque no lo premió con el carnet de patinete electrico, tuvo la precaución, adelantándose a su tiempo, de obligarle a llevar casco. La gente pensaba que lo que adornaba la palangana eran alas, pero no; eran alerones, como los de Fórmula 1, para que no despegara. El empeño en que no volara, provenía de una discusión que tuvo años antes de que Hermas naciera, con su hermano Poseidón, en la que Zeus defendía que correr es de cobardes. Años después, en una reunión Navideña en que concurrió toda la familia, Zeus forzó de nuevo la discusión con Poseidón, y cuando las posiciones se enconaron, el padre de Hermes lo señaló, mostrandolo a modo de ejemplo, sin que este lo percibiera. Poseidón se calló, falto de argumentos, y perdió la discusión para toda la eternidad. Y esa fue la razón de ser de Hermes.

Se hizo muy amigo de su hermanastro  Heracles, que lo defendía cuando alguna víctima de sus bromas, se olvidaba de quien era su padre, y no tenía vía de escape. Aprovechando que el héroe era acreedor de algunos favores, obligó a Hermes a que lo acompañara en su viaje con Jason y los argonautas. Salieron nueve naves, pero tras el diluvio universal, una se perdió. La novena. La que gobernaba Hermes. Heracles, que sabía hasta latín, decidió volver a buscar a la “BARCA NONA”. La halló encallada en una montaña que sobresalía por encima del nivel de las aguas, que se llama Montjuic; al lugar lo bautizó ­―además de saber latín, era cristiano― como Barcelona.

Años después, cuando se inventó internet, a Hermes no le interesó demasiado porque se accedía con un ordenador fijo. Le empezó a interesar más cuando aparecieron los portátiles, aunque tampoco eran de su naturaleza. Pero cuando aparecieron los móviles… aquello era otra cosa. La movilidad sí que coincidía con su naturaleza. Lo primero que miró en su primer móvil fue su propia historia. Apenas recordaba el episodio de la “barca nona”, así que indagó más sobre aquella cuidad, y descubrió que era la capital mundial del patinete eléctrico. Inmediatamente se encapricho de aquel artilugio y se presentó allí. Como además era un vago, decidió dejar de… ser un cobarde.

Así que si veis por ahí un joven, con unas bambas y gorra, aladas, gritadle: “¡Palangana!”, y veréis como se gira.  

domingo, 11 de octubre de 2020

PREVISOR

 

Microrelato para el reto de Lídia

en su blog Escribir jugando, convocatoria de octubre

Maximo cien palabras inspirado en el dibujo de la carta, lo que salió en el dado

y el nombre de los pajarillos


                Gustav paseaba por el campo cuando un plátano plantado en medio de un olivar llamó su atención. Se acercó y vio que tenía una rama anormalmente recta, oscura y baja. Cuando la tocó percibió que era de madera de olivo barnizada. Como hacia feo, decidió arrancarla.

            ­―¿Qué haces?

            ―Oh… Quería arrancártela. Te hace feo y me servirá de bastón cuando envejezca.

            ―Vale. Pero tienes que enseñar a cantar a estos alfarcinos que tengo arriba.

            Arrancó su bastón y se puso a ello. Cuando llevaba tres días sin éxito, en un momento de desesperación, ordenó:

            ―Tierra, ¡trágame!

            Obedeció a medias.

 

99 palabras

Alfarcino no creo que sea su nombre real, pero es como los llaman en el pueblo de mis padres. Puede que sean vencejos, pero no lo sé seguro (ni tampoco me importa).



viernes, 2 de octubre de 2020

LA EVOLUCION Y OTROS CUENTOS

  

 Relato juevero para la propuesta de MOLÍ de esta semana

AQUI podeis leer el resto de relatos para esta convocatoria

Esta es mi aportacion:

         

                Voy a reseñar el último libro que he leído. No soy muy exigente ni muy riguroso en mis críticas. Se titula “La evolución y otros cuentos”. Cuando lo vi, lo compré sin mirar mucho. Me apetecía un libro de relatos. El autor es un tal Erik Lehnsherr, y no es un libro de relatos. Lo de otros cuentos se refiere más bien a otras mentiras, aunque en el libro solo habla de una.

               Cuando me di cuenta sobre lo que hablaba, miré por internet quién era el autor, y no aparece nadie con ese nombre. El libro no tenía sinopsis en la contraportada, ni isbn, ni registro de la propiedad; parecía una autoedición de cuando las autoediciones no existían. Habla de la evolución; la de Darwin. Y dice que no comprende como una inmensa cantidad de la población mundial ―especifica que se refiere a TODA la población menos uno, él― ha podido tragarse esa farsa. Que precisamente los más fanáticos y acérrimos defensores de esa ridícula teoría prácticamente religiosa, son los que más criticaban el origen de la biblia o de cualquier otro libro sagrado de cualquier otra religión. Todos obedientes al dogma de Darwin al que nadie osa llevar la contraria a pesar de lo absurdamente ridícula que resulta su teoría para cualquiera que sepa unas pocas matemáticas ―por muy dogmáticas y axiomáticas que sean también estas―. Por como habla el tipo debía ser matemático, porque aunque yo tenga estudios, a veces me perdía.

               Empecé a avanzar páginas, sobre todo los trozos de combinatoria y estadística. Básicamente explica que si “la necesidad no crea el órgano” y que toda evolución se debe única y exclusivamente a mutaciones aleatorias de los genes, y que la evolución se nutre de las mutaciones positivas ―entendiéndolas como mejoras sobre la especie anterior―, harían falta trillones de milenios para llegar donde estamos. Se basa en que el 99,99% de las mutaciones son negativas, o sea que no aporta ningún avance a la especie. Pone el ejemplo de una jirafa de cuello corto, y postula que tras años de nacimientos saldría una mutación con tres ojos, tras otros años una con cinco patas, tras otros tantos años una con orejas de elefante, y que para que saliera, por casualidad, una con cuello largo, pasarían millones de otras mutaciones que no tendrían progreso. Si finalmente salía una con cuello largo, habría que rezar a San Darwin para que fuera macho. Porque un macho podría transmitir su genética ―veríamos en qué porcentaje, según fuera un carácter dominante o recesivo― cada media hora ―dependiendo del semental―. Si fuera hembra, solo podría transmitirlo cada quince meses, que es lo que dura su embarazo. En el supuesto caso de que fuera macho, cuando tuviera edad, tendría que empezar a f…reproducirse sin tregua, como si no hubiera un mañana ―ni siquiera un “estatarde”―, teniendo en cuenta que no resultaría atractivo para las hembras ―sería un monstruo para ellas―. Y extenderse por todo el planeta, y volver a echar mano de San Darwin para que frenara la reproducción de la especie anterior. Vaya, un imposible, según él.

               Al final manifiesta que aunque ha intentado difundir esta antiteoría, siempre ha sido silenciado, ninguneado o boicoteado, aduciendo, simple y llanamente, que un matemático no sabe de estos temas. Y dice que no ha registrado su idea, para que cuando este libro caiga en manos de un biólogo, la haga suya para difundirla, si lo cree oportuno.

               Así que como yo soy biólogo, y la antiteoría no parece del todo descabellada, voy a intentar adentrarme en ella. No es mi rama de la biología, pero consultare con otros colegas y con algún matemático.     

               Le voy a decir al presidente que ponga a otro a salir por la tele, que yo ya estoy harto. Cuando termine mis vacaciones pesqueras, y haga el programa de Calleja, me voy a poner en serio con esto, y aprovechando que ya soy famoso, a mí, seguro que me escuchan.

 

F.S.

 

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